Diócesis de Rancagua recibe capilla de emergencia

La primera de las 10 capillas de emergencia que Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS) comprometió con nuestra Diócesis, ya está instalada en el Santuario de la Purísima en La Compañía, comuna de Graneros.

 
Jueves 03 de Junio de 2010
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La ceremonia de inauguración se realizó el pasado sábado 29 de mayo y contó con la presencia de feligreses y representantes de AIS.

AIS es una organización internacional dedicada a socorrer las necesidades pastorales de la Iglesia en su misión evangelizadora. En nuestro país se han levantado muchos templos gracias a su generosidad que, con ocasión del terremoto, se ha traducido en esta solución de emergencia para las diócesis más afectadas por el sismo del 27 de febrero.

Estos templos de emergencia son carpas con estructura de fierro y piso de madera, capaces de soportar las inclemencias del tiempo por tres o cuatro años. La idea de estos templos de emergencia es que los feligreses puedan continuar con la práctica del culto religioso mientras las comunidades se rearman para enfrentar la reconstrucción más definitiva de sus iglesias.

En la reconstrucción, austeridad y respeto por el patrimonio

La Iglesia diocesana de Rancagua avanza por el camino de la reconstrucción de los templos, casas parroquiales y capillas que destruyó o dañó el terremoto de febrero. La colaboración de organizaciones y particulares empieza a llegar para poner en pie lo que se cayó. En la revista diocesana Rumbos, correspondiente al mes de junio, Monseñor Alejandro Goic habla de los conceptos que guiarán el largo proceso de reconstrucción de los templos.

- Monseñor, ¿Qué imagen quiere reflejar la Iglesia diocesana en el tema de la reconstrucción de los templos?

- He insistido con mucha fuerza que nuestra primera preocupación son los “templos vivos”, es decir las personas que perdieron sus casas y sus enseres. Esa preocupación primordial no excluye los templos. Al contrario, los templos son espacio de encuentro con Dios y con los hermanos; una reconstrucción integral asume “la casa de los pobres” y la “casa de Dios y de la comunidad”.
La reconstrucción de los templos es una tarea gigantesca. Carecemos de los recursos necesarios, que son inmensos. El templo es un espacio de acogida de todos. Es la casa de todos. La reconstrucción tiene que tomar en cuenta la dimensión pastoral, que logre celebraciones profundamente participativas que favorezcan el clima oración-conversión y de encuentro con el Señor. La belleza del templo, junto a la sencillez son elementos importantes y que es necesario equilibrar.

- ¿Cómo conjugar conservación del patrimonio y austeridad?

- La pregunta plantea una cuestión de fondo. En nuestra región la mayoría de las sedes parroquiales destruidas o semidestruidas, son parte del patrimonio de la Región y en algunos casos, nacional. Ello nos desafía.
El patrimonio es parte de nuestra historia, de nuestra cultura. Preservarlo, en la medida de lo posible, es importantísimo. En el caso de los templos, son expresión de la memoria de la fe. Conjugar el respeto a ese patrimonio y la austeridad no es tarea fácil. Habrá que esmerarse para conservar ambos valores.

- ¿Es posible conservar la memoria – huella del patrimonio, con símbolos más que con reconstrucción fiel al original?

- En algunos casos sí, en otros no. Por ejemplo el templo de La Purísima en La Compañía. Quedó totalmente destruido y se reconstruirá, conservando, su estilo, en albañilería y un poco más grande, por las necesidades pastorales de los fieles que han aumentado.
Las imágenes, el famoso retablo se restaurarán, y ayudarán a recordar el templo histórico. En otros casos será más difícil. Pero habrá que hacer el esfuerzo. Que las actuales reconstrucciones o construcciones recuerden la “memoria de la fe”. El presente tiene “un pasado” que se proyecta al futuro.

Fuente: Comunicaciones Rancagua

Rancagua, 03-06-2010