Monseñor Stegmeier: “El amor fraterno y el amor a los enemigos tienen que ser uno de los grandes signos de las comunidades cristianas”

La Iglesia es el misterio de la comunión de los hombres en la vida de Dios Padre en Cristo por el don del Espíritu Santo.

 
Jueves 16 de Mayo de 2019
Hermanos en Jesucristo:

El Señor hace coincidir el inicio de su predicción con la llamada de los primeros discípulos, constituyendo la comunidad de los Doce Apóstoles. Junto con ellos, está también el grupo de los setenta y dos. Antes de Pentecostés, “el número de los reunidos era de unos ciento veinte” y “todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,15.14).

Luego San Pablo habla de más de quinientos hermanos al momento de la Resurrección del Señor. A causa de la predicación de Pedro, “los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil almas” (Hch 2,41). De inmediato se agregan a la comunidad eclesial, cuyos miembros “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2,42).

Jesús dejó a su Iglesia como la única instancia de encuentro con Él. Es así, porque no se puede estar unido a Cristo sino como un miembro lo es al cuerpo (1 Cor 12,1-31) y un sarmiento lo es a la vid (Jn 15,1-8). La Iglesia es el misterio de la comunión de los hombres en la vida de Dios Padre en Cristo por el don del Espíritu Santo.

En el Evangelio, Cristo resucitado se hace presente a los discípulos en medio de la comunidad. De hecho, el Apóstol Tomás, porque estuvo ausente de la comunidad el día Domingo, no pudo encontrarse con el Señor (Jn 20,19-31). Pero cuando el Domingo siguiente Tomás se reúne con sus hermanos, entonces sí recibió la gracia de ver, escuchar y tocar a Cristo.

La pertenencia a la Iglesia es un regalo del Señor. Él nos convoca por la Palabra de Dios y el don de la fe. Por el Bautismo somos realmente incorporados a Cristo como miembros de su Cuerpo y somos constituidos hermanos unos de otros, “porque hemos sido todos bautizados en un solo Espíritu, para no formar más que un cuerpo entre todos” (1 Cor 12,13). La comunión de vida en Cristo es necesariamente significada y realizada en la celebración eucarística. Por la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, nos hacemos todos uno en Él.

La comunión de los hermanos en Cristo debe tener como fruto la vida plena de amor a Dios y al prójimo. El amor fraterno y el amor a los enemigos tienen que ser uno de los grandes signos de las comunidades cristianas, por el que los hombres lleguen a la fe en Cristo. “En conclusión, tengan todos unos mismos sentimientos, sean compasivos, ámense como hermanos, sean misericordiosos y humildes. No devuelvan mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario, bendigan, pues ustedes han sido llamados a heredar la bendición” (1 Pe 3,8-9).

+ Francisco Javier Stegmeier
Obispo de Villarrica


Fuente: Comunicaciones Villarrica
Villarrica, 16-05-2019