Falleció Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Viña del Mar

La Madre Cristina Santelices es recordada como una mujer de Dios, madre, hermana y amiga entrañable que se dejó atravesar por la mirada de Dios, descubriéndola dentro de ella La Palabra de Dios fue su alimento y Jesucristo su Maestro, vivía en la presencia de Dios. La oración, el estar con el amado y la Virgen María fueron su vida de nuestra Madre. Su amor a la verdad la condujo por el camino de la humildad y de la misericordia quedando como sello de su vida la caridad y la humildad.

 
Jueves 16 de Mayo de 2019
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Con cariño y gratitud se despidió a la Madre Cristina Santelices Acosta Priora del Monasterio de Carmelitas de Viña del Mar. Don Pedro Ossandón, Administrador Apostólico de Valparaíso, celebró la Eucaristía en la que estuvieron presentes familiares, amigos de la comunidad de Carmelitas, sacerdotes y diáconos permanentes.

Al iniciar la Eucaristía, la hermana Francisca, carmelita, compartió una semblanza de la Madre Cristiana. “Hoy se hace vivo en nuestra madre este texto de Santa Teresa de Jesús: Nuestra Madre y su esposo están en sus Bodas eternas. Ella fue una mujer de Dios, madre, hermana y amiga entrañable. Con alegría y humor en varias ocasiones, nos compartió de su vida familiar, de sus padres y de sus innumerables travesuras con sus hermanos: Rosa, Salvador, Vicente y Arturo, con quienes mantuvo toda su vida una profunda relación de confianza, de hermandad y amistad”.

“Desde niña fue cautivada por el amor del Señor y ella, con finura, respondió con delicados detalles que mantuvo hasta el final de su vida para con él. Tuvo coraje para seguirlo con fidelidad consagrándose a Jesús en las Religiosas de la Preciosa Sangre donde estuvo cerca de dos años. Amante de la belleza, ingresó a la Universidad Católica a estudiar Arte, pasión que mantuvo siempre, muy dotada por Dios, escritora nata, destacándose especialmente como Poeta. Tenía gran afición por la fotografía”.

“Atraída por una profunda búsqueda de Dios se encontró con la vida contemplativa, participó con grupos de oración y conoció el Carmelo que abría sus puertas para acogerla aquí en esta comunidad del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María en Viña del Mar el 6 de agosto de 1975, 43 años y 9 meses acá. Su risa y fuerte personalidad marcó la vida de muchas jóvenes y hermanas que fueron sus novicias. También fue acrisolada en el fuego, pues su carácter fuerte debió templarse para la vida comunitaria. Optó por la pureza de corazón y perdonó siempre sin guardar rencor a nadie”.

“Se dejó atravesar por la mirada de Dios, descubriéndola dentro de ella, a través de soledades profundas se fue identificando con el amado. Su vida se fue trasformando en pura donación viviendo nuestra regla, vivir en obsequio de Jesucristo, meditando día y noche la Palabra de Dios. Se sabía habitada por el Espíritu. La Palabra de Dios fue su alimento y Jesucristo su Maestro, vivía en la presencia de Dios. La oración, el estar con el amado y la Virgen María fueron la vida de nuestra Madre”.

“Siempre interesada por el acontecer nacional y mundial y con amplios horizontes. Se podía hablar con ella de cualquier tema. Con su impresionante capacidad de escucha, acogía de forma única a cada persona. Sabia e inteligente. No se jactó nunca de eso sino al contrario buscó abajarse y ensalzar lo bueno de los demás. Su amor por la verdad la condujo por el camino de la humildad y de la misericordia quedando como sello de su vida la caridad y la humildad. San Juan de la Cruz dice: a la tarde de la vida seremos examinados en el amor. Lo único que se nos va a preguntar es ¿amaste a tu prójimo, a tus hermanas, a tu familia, al Carmelo, a la Iglesia, a los más desvalidos, a los pobres, a toda la humanidad, al mundo entero? Y nuestra madre responderá o respondió: sí Señor, porque sabía que tú estabas en ellos. Ella nos dice hoy: yo no muero, yo entro en la vida. Gracias madre nuestra, te queremos mucho”

En su homilía, el pastor señaló que las hermanas carmelitas “son siempre motivo de alegría, de esperanza y renovación de la fe, porque al unirse a Jesucristo por el Bautismo y la Vida Consagrada en el carisma del Carmelo, siempre nos enseñan a vivir unidos a Cristo. Una carmelita nos ayuda a descubrir que, por la gracia del Sacramento, todos nos entendemos, nos movemos, existimos en el misterio santo de Dios. Si no vivimos de la fe, que se cultiva en la oración, en la vida interior, en la vida en el espíritu, rezando todos los días como ella nos enseña, nosotros andamos en las tinieblas, perdidos”

“¿Cómo se renueva la vida cristiana, la Iglesia, la fidelidad a la vida cristiana? La Iglesia no se inventa. La Iglesia, la vida cristiana, la sociedad entera se renueva redescubriendo que la Iglesia es obra de Dios guiada por el Espíritu Santo. Eso nos enseñan las carmelitas y nos vuelven a recordar que la gran renovación de la vida cristiana y de la Iglesia pasa por morir todos los días a mí mismo, a mí misma y dejar que el Señor pueda realizar su mandamiento del amor en la experiencia de la comunidad”.

“Ellas (las carmelitas) nos recuerdan todos los días que la vida se no ha regalado para amar, para salir de nosotros mismos, dar la vida por los amigos, para descubrir que Cristo ya no nos llama siervos, sino que amigos y nos invita a participar de la experiencia de comunidad. Gracias queridas hermanas porque la renovación de la Iglesia, de la vida cristiana y de toda la sociedad pasa por volver a encontrarnos como la familia de Jesús. El Papa Francisco le llama la cultura del encuentro”.

Al término de la Misa, la madre Cristina fue sepultada en el cementerio que las carmelitas tienen en su Monasterio.

Fuente: Comunicaciones de Valparaíso
Viña del Mar, 16-05-2019
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