Chiguayante agradeció los 60 años de sacerdocio del Padre Gustavo Sterkens

Con gran regocijo, la Iglesia de Concepción y especialmente la comuna de Chiguayante celebraron los 60 años de sacerdocio del padre Gustavo Sterkens, quien por más de 48 años los ha vivido en la parroquia San Pablo. La comunidad agradeció su servicio durante la eucaristía que fue presidida por el arzobispo, monseñor Fernando Chomali.

 
Lunes 12 de Agosto de 2019
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Hoy, a los 84 años de edad, el padre Gustavo está contento y dispuesto a seguir con su servicio pastoral. Pese a su edad, tiene muchas fuerzas y su labor pastoral, si bien la realiza con mayor calma, visita las comunidades, celebra la eucaristía y sacramentos, también visita los enfermos y atiende a los fieles en la parroquia.

Nació el 9 de abril de 1935 y ordenado presbítero el 9 de agosto de 1959.. Sus primeras misiones fueron en África (ex Congo belga) y Francia. Hoy, a pesar de sus años, confiesa que su salud se mantiene lo suficientemente firme para seguir. “Estoy muy contento que Dios me dé salud para servir por más de 60 años, en esta parroquia. Aquí estoy cumpliendo con mi deber como servidor y pastor de tantos fieles”, comenta.

De su llegada al país, recuerda que en la década del 70, monseñor Manuel Sánchez, arzobispo de Concepción de la época, pidió a la congregación de los padres Norbertinos de la Abadía, en Bélgica, el envío de misioneros. “El superior me envió a Chile. Estuve dos meses en Santiago y después llegué a Chiguayante, donde he permanecido todo este tiempo”, afirma.

Reconoce que Chiguayante ha tenido un fuerte crecimiento de población, por lo que la parroquia ha desplegado un mayor esfuerzo. Hoy funcionan diez comunidades, unas más grandes que otras, pero siempre unidas al centro, que es la parroquia. “Gracias a Dios he tenido buenos hermanos sacerdotes. Anteriormente estuvieron los padres Luis, Octavio y Fernando y ahora, con el padre Pepe Durán, quien me acompaña y a veces me reta, porque me dice que los ancianos somos algo porfiados y tengo que cuidarme. Él me cuida y me ayuda y me aconseja bien”, señala sonriente.

El padre Gustavo, de contextura delgada y rostro delgado, tiene siempre una actitud acogedora, de una gran sencillez, lo que traduce en ser muy estimado entre las personas. “He estado muchos años, aquí, y conozco a mucha gente, lo que ha permitido crear una gran mucha confianza con las personas. La tarea se hace difícil, a veces, porque cuesta atraer a los jóvenes y a los niños a la Iglesia, pero tenemos muy buenos animadores y catequistas, que ya por tantos años formados por los padres norbertinos, están cumpliendo muy bien con su deber”, cuenta.

¡En algún momento ha pensado volver a su tierra natal? “Lo he conversado con el padre Pepe, pero nunca llegamos a la decisión. En Bélgica tengo a mi familia, con seis hermanos vivos, mayores que yo, y no creo que vaya a estar a gusto allí. Además, para la Abadía, en Bélgica, le cuesta hacerse cargo de los sacerdotes ancianos, por lo que creo que nos vamos a quedar acá”, insinúa.

En este hito personal tan importante de su vida, admite que la Iglesia pasa por momentos difíciles. Con esperanza reflexiona que “lo único que queda es que la gente se acerque a Dios, porque sola no puede resolver los problemas en este mundo. Hay tantas tentaciones, que tiene que buscar a Dios y debe hacerlo por medio de la parroquia, de los sacramentos…Hay muchos buenos sacerdotes y hay que confiar en ellos, aceptar sus consejos, cumplir con lo que dice la Iglesia y las personas se sentirán mejor; hay que fortalecer la familia, dar confianza a los jóvenes y, sobre todo, fortalecer la fe en Dios”.

Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 12-08-2019