Mons. Stegmeier: Justicia y paz según la verdad de la persona humana

Palabras del Obispo de Villarrica sobre la situación que enfrenta Chile.

 
Miércoles 13 de Noviembre de 2019
Hermanos en Jesucristo:

El impacto del desorden de estas últimas semanas ha sido tan grande, por las dimensiones del desastre ocasionado por el hombre y, quizá más aún, porque el día anterior al estallido de la violencia Chile estaba tranquilo.

Causas inmediatas de este estallido pueden haber muchas. Algunos señalan que parte importante de la crisis social se explica por la insatisfacción de una parte importante de la población; los saqueos se atribuyen principalmente a delincuentes que se aprovechan del caos; el vandalismo vendría de grupos anárquicos y personas desadaptadas; los atentados coordinados contra el metro y otras instituciones serían planificados por alguna organización marxista.

Es cierto que en una situación tan compleja como la que estamos viviendo en Chile concurren muchos factores. Pero sería ingenuo y superficial reducir el problema y su solución a temas exclusivamente inmanentes de orden económico, político, cultural, social, etc. Posibles cambios en este orden -que por lo demás serán siempre parciales, relativos e insuficientes- sólo serán eficaces a largo plazo si se fundamentan en la ordenación de la sociedad al bien de la persona humana, que, a su vez se ordena a Dios, fin último y trascendente para el cual fue creada.

Cualquier intento, aún bien intencionado, de procurar un orden social justo y pacífico que no considere la verdad del hombre como un ser trascendente está destinado irremediablemente al fracaso. La dimensión social es esencialmente inherente a la persona humana. La vinculación del individuo con los demás no es fruto de un pacto social impuesto por el poder de la necesidad o por la voluntad de las partes. Si así fuera, como de hecho es, el más fuerte –un individuo, un grupo o una nación- impone arbitraria y abusivamente al más débil su ideología.

El orden social -antiguo o nuevo- no puede surgir como fruto de una supuesta “soberanía popular” creadora absoluta del fin al que se orienta la comunidad. Esto conduce a la supresión de la individualidad de la persona, sacrificada en nombre de un fin que es ajeno al bien propio del hombre. La gente se pregunta: ¿Por qué no puedo hacer lo que yo quiero, si los parlamentarios pueden hacerlo cuando aprueban leyes abusivas como el aborto, el divorcio o el aumento de su propio sueldo? ¿O la ciencia y la técnica se sienten autorizadas a manipular genéticamente a la persona humana? ¿Si no es malo abortar, por qué va a ser malo quemar un bien público?

Sólo puede haber justicia y paz social si la persona y la misma sociedad están referidas a Dios, absolutamente verdadero y bueno, fin último, que lo trascienda todo.

+ Francisco Javier Stegmeier
Obispo de Villarrica

Fuente: Comunicaciones Villarrica
Villarrica, 13-11-2019