Indicaciones del Obispo de Villarrica frente a la emergencia sanitaria por el coronavirus

El Obispo de Villarrica, Mons. Francisco Javier Stegmeier Schmidlin, dirigió una carta a los sacerdotes de la diócesis indicando algunas medidas a seguir frente a la emergencia sanitaria por el coronavirus (Covid – 19).

 
Martes 17 de Marzo de 2020
La Diócesis de Villarrica seguirá medidas similares a las adoptadas por la mayoría de las diócesis del país, entre las que se incluyen la dispensación del precepto dominical; la celebración de la Eucaristía en grupos reducidos; la reprogramación de bautizos y matrimonios, entre otras.

Se invita a los fieles a tener en cuenta estas indicaciones, siguiendo las sugerencias de sus párrocos.

A continuación, la misiva:

Coronavirus: Recomendaciones para nuestras comunidades

Hermanos sacerdotes:

Les vuelvo a escribir para recomendar algunas medidas que ayuden, dentro de lo posible, a mitigar los efectos del coronavirus entre la población, en nuestro caso entre los fieles y, sobre todo, los más vulnerables. No diré nada nuevo en relación a las medidas para prevenir el contagio. Todos tenemos acceso a la información que por todos los medios se está dando. Además, me limitaré a repetir, más o menos, lo que ya otras Diócesis han comunicado entre ayer y hoy. Un punto de referencia puede ser el comunicado de la Arquidiócesis de Santiago, que otras Diócesis han replicado textualmente. Los Párrocos junto al Consejo Pastoral Parroquial deben considerar la situación concreta de su comunidad para discernir qué medidas que aquí indico se pueden aplicar, cuáles no son aplicables y qué otras medidas no contempladas aquí se podrían tomar.

1. En tiempos en que experimentamos más fuertemente nuestra vulnerabilidad e impotencia, más necesitamos de la ayuda y del consuelo del Señor. Los fieles, especialmente los más sencillos y pobres, vuelven su mirada hacia Dios. Como el Salmista, con fe se dirigen a Él y le dicen: “A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí; ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve” (Sal 31, 2-4). Debemos estar disponibles para atender a las personas en sus necesidades espirituales. Los sacerdotes no dejemos de ir en auxilio de los enfermos que requieran de la Unción de los Enfermos, sobre todo personas con riesgo vital, extremando las medidas sanitarias evitando contagiar o contagiarse. El Papa Francisco pidió que los sacerdotes “tengan el coraje de salir y acudir a los enfermos, llevando la fuerza de la Palabra de Dios y la Eucaristía”. Si se puede, mantengamos los templos abiertos, pues es probable que los fieles quieran ir a orar.

2. En relación a la celebración de la Santa Misa, hay que tratar de cumplir la norma de que la participación de fieles no exceda de 50. Esto se aplica particularmente en el caso de los velorios y funerales. Con la máxima prudencia y del mejor modo pedir a la familia del difunto que sea ella la que pida a parientes y conocidos no asistir masivamente, limitándose a la familia directa y a otras personas más cercanas. También la Parroquia debe coordinarse con las funerarias en este mismo sentido.

3. Respecto a la Misa dominical, informar a los fieles que están dispensados a ir al templo, sobre todo las personas vulnerables: ancianos, enfermos crónicos, niños pequeños, etc. A estos últimos fieles no solo informarles, sino más aún motivarles a que se queden en casa y que santifiquen el Día del Señor de otra manera; siguiendo la Misa por los medios de comunicación social, leyendo la Palabra de Dios, rezando el rosario, etc. A los ministros que lleven la comunión a los enfermos hay que instruirles especialmente que cumplan con el mayor rigor los protocolos de sanidad.


4. En las Misas tratar de mantener la norma de no más de 50 fieles. Sugiero, si es posible, hacer lo que se ha hecho en otros países: aumentar el número de Misas dominicales, para que los fieles puedan participar sin superar el tope de 50. Para que esto se pueda hacer, podrían suspenderse algunas o todas las Misas en las comunidades rurales, celebrando en ellas el culto dominical con o sin comunión eucarística. Esta medida ha resultado en otras partes, pero es solo una sugerencia y, como otras cosas, queda a criterio del Párroco. Si se agregan Misas, cada Parroquia tendrá que informar a los fieles los horarios y los criterios de distribución. Por ejemplo, a la primera Misa que vengan solo mujeres, a la segunda solo varones. Esto es solo a modo de ejemplo, pero hay que buscar un modo de evitar que casi todos los fieles participen en la Misa de siempre y casi ninguno en las otras.

5. También es conveniente suspender todas las reuniones o encuentros de todo tipo, incluyendo la catequesis. Si ya hay programados matrimonios y bautismos, hay que conversar con los novios y padres de los niños acerca de la conveniencia de celebrarlos o no. Si ellos de todos modos quieren celebrar estos Sacramentos, hay que insistir que deben cumplirse las indicaciones dadas por las autoridades.

6. En nuestros templos, celebraciones litúrgicas o encuentros pastorales hay que tener en cuenta lo que ya se ha dicho profusamente por muchos medios:

– Mantener la distancia de un metro con otras personas (“vivir el metro cuadrado”).

– No invitar a darse la paz o dársela sin contacto físico.

– Dar la Comunión en la mano y explicar cómo se hace, pero sin obligar o imponer hacerlo.

– Suprimir el agua bendita.

– Pedir que los fieles eviten al máximo tocar cosas, sobre todo las imágenes religiosas.

– Sugiero que los ministros que den la Comunión se laven las manos con jabón no solo antes de la Misa, sino también en el instante previo a la comunión. Hay que ser muy responsables y obedientes a las indicaciones dadas por los organismos de salud.

7. Estas indicaciones obedecen a la actual situación, pero hay que estar pendientes a lo que digan las autoridades competentes según se desarrolle la propagación del coronavirus.


Sigamos confiando en el Señor Jesucristo y en la poderosa intercesión de la Virgen María y de todos los Santos. Les invito a que junto con nuestros fieles, nos unamos a la oración del Papa Francisco:

“Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe.

Tú sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, o Virgen gloriosa y bendita”
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+ Francisco Javier Stegmeier Schmidlin
Obispo de Villarrica

Fuente: Comunicaciones Villarrica
Villarrica, 17-03-2020