Saludo del Arzobispo de La Serena en el Día de la Madre

En su mensaje, el Pastor agradeció a Dios habernos entregado el don de la vida mediante nuestra madre, destacando también el rol que ellas tienen al presentarnos ante la comunidad cristiana.

 
Domingo 10 de Mayo de 2020
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La comunidad cristiana celebra hoy el quinto domingo de Pascua. Se proclama como Evangelio el pasaje de Juan 14, 1-12 con la afirmación del Señor: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida: nadie va al Padre sino es por mí (v. 6). En estos domingos de Pascua -al igual que en todos los domingos- Cristo Resucitado es el centro de la celebración. Como Iglesia no celebramos otra realidad. En efecto, vivimos después de la resurrección, a causa de ella y el anuncio a nuestros contemporáneos es este misterio fundamental, nuestra alegría y motivo de firme esperanza.

Las expresiones que Jesús dice de sí mismo, nos hablan de su identidad: Yo soy el Camino, la vía de acceso para llegar al Padre. Él nos permite encontrarnos plenamente con Dios su Padre, que es también nuestro Padre. Nuestra identidad es de hijos de Dios, hermanos de Jesús y también de los demás; Yo soy la Verdad, no solo el Maestro que enseña o que dirige un mensaje, Él es la verdad misma. Él es la palabra pronunciada por Dios Padre para siempre. Él es la verdad de Dios, plena y total -también la verdad del hombre e igualmente plena y total-. Él nos revela quien es Dios su Padre y cuál es su designio de amor para con el hombre; Yo soy la Vida, la vida perenne, vida eterna, la vida misma. Es el culmen de este anuncio, pues Él es la vida. La posee en plenitud y por ello también la dona en plenitud. La vida, la muerte y la resurrección de nuestro Señor indican al hombre el camino que debe recorrer para alcanzar su plena realización y la felicidad eterna. En estas verdades está óptimamente expresada la centralidad de Cristo en relación a sus discípulos de todos los tiempos.

Hoy, domingo, día en que como comunidad cristiana hacemos memoria de la resurrección gloriosa de nuestro Señor, renovamos nuestra fe en el Resucitado, nuestra confianza en sus promesas y la esperanza de participar de cuanto Él nos ha prometido. ¡Lo reconocemos como el Camino, la Verdad y la Vida!

La celebración de la santa Eucaristía de hoy es también una maravillosa oportunidad para que nos presentemos con gratitud ante el Señor por nuestras madres, en el Día de la Madre. Le manifestamos gran agradecimiento porque Él nos dio la vida mediante nuestra madre. Él sigue dando vida a millones de hermanas y hermanos a través de sus madres. Que ellas se dispongan con el apoyo de todos nosotros a acoger con amor el don de la vida, custodiar la vida de sus hijos e hijas como lo hace el Dueño de la vida.

Agradeciendo muy cordialmente a nuestras madres por presentarnos a la comunidad cristiana para la recepción de los santos sacramentos, especialmente los de la iniciación cristiana –bautismo, confirmación y eucaristía-, las invitamos a proseguir colaborando generosamente en la transmisión de la fe a sus nietos. Las madres jóvenes han recibido en este sentido un hermoso ejemplo de sus propias madres. ¡Tengan la audacia y la fortaleza para realizar como ellas esta bella misión! Con el pasar de los años, sin duda, sus hijos y otros miembros de sus familias les reconocerán y agradecerán este gran servicio, -entre tantos otros para los cuales se desviven y sacrifican enormemente-. No cabe duda que lo sembrado por las madres en el corazón de sus hijos es un pequeño tesoro que acompaña a lo largo de la vida. Que ellos adhieran a Cristo el Señor, Camino, Verdad y Vida, -con el propio testimonio de su fe y la práctica de la vida cristiana- sea para las madres causa de profunda alegría y motivo de gran esperanza.

Saludo y felicito a las madres deseándoles las bendiciones del domingo, día del Señor Resucitado, junto a todos sus seres queridos.

¡Feliz día de la Madre!

+René Rebolledo Salinas
Arzobispo de La Serena


*Fotografías de archivo

Fuente: Comunicaciones La Serena
La Serena, 10-05-2020