Preparar el futuro | Columna de Mons. Fernando Chomali G.

En columna de opinión para el Diario El Sur, el Arzobispo de Concepción, Fernando Chomali Garib, plantea algunos desafíos para enfrentar el futuro, reconociendo y sanando lo que ha llevado a la actual crisis en el país, desde la esperanza y amor al prójimo "presente en la vida de millones de personas sencillas".

 
Domingo 02 de Agosto de 2020
Si como país nos dedicamos a “prepararnos para el futuro”, no llegaremos muy lejos, todo terminará siendo más de lo mismo, los grandes problemas sociales seguirán postergándose y cada uno tratará de “salvarse como pueda”. Si, por el contrario, como sociedad “preparamos el futuro” tendremos el desafío de mirar nuestra vida personal, comunitaria, sanitaria, política, social y económica con otros ojos, con otros oídos, con otra lógica e inteligencia. Estos aspectos de la vida están íntimamente relacionados y de una u otra manera se han concertado para que estemos donde estamos. Para ello se exige un gran consenso social que responda de manera seria y eficaz - parafraseando a Francisco - a) al clamor de los pobres b) al clamor de la tierra; que sea capaz de a) generar una economía ecológica y b) promover nuevos estilos de vida más austeros; junto con impulsar a) una educación ecológica y b) una espiritualidad ecológica. Junto a aquello, es fundamental una reflexión que lleve a acciones concretas en favor de un trato justo, respetuoso y concorde a la dignidad y la cultura de los Pueblos originarios.

Para lograr aquello es fundamental que quienes ostentan el poder en todas las esferas de la sociedad, se ganen la autoridad inherente a sus responsabilidades. La crisis más onda que tenemos es una crisis moral que hunde sus raíces en el mal uso que algunas personas le han dado al poder que les confiere sus tareas. Para el pueblo de Chile, - noble y de buena conciencia-, “uno son todos”, y no olvida a) el financiamiento ilegal de la política b) las boletas ideológicamente falsas c) la colusión d) la evasión tributaria e) el amiguismo d) el robo del erario público e) el cohecho f) los abusos, g) el mal uso de “fondos reservados” y todo aquello que ha llevado al pueblo de Chile a desconfiar, a sentirse timado y profundamente engañado.

Sin una sanación en la raíz de este ambiente cleptocrático, (que no tiene en cuenta a la comunidad sino sólo el interés y el gozo personal e inmediato), será difícil pensar el país que quisiéramos dejarle a las futuras generaciones. Así, estaremos condenados a un mero “defendernos”, o a un resignado “se hace lo que se puede”. Lo que sería la negación misma de lo que significa ser un ser humano y su inherente dignidad. Creo que reconocer el desencuentro entre el pueblo, que a pesar de sus esfuerzos por salir adelante,  ve truncado sus legítimos sueños, por el uso indebido del poder de quien lo ostenta es un tema a analizar.

Ello implica un serio rechazo a las prácticas ilegales, una renovación de la clase dirigente y un tomarse muy en serio a los organismos intermedios. Si a ello le sumamos a) terminar con las estrategias de marketing y comunicacionales frente a los problemas políticos que nos aquejan, b) un decidido anhelo de buscar la verdad para hacer justicia donde no la ha habido, y c) un alto a la violencia, habrá esperanza.

Chile cuenta con un recurso, poco valorado, pero real que supera con creces al capital. Se trata del pozo de esperanza, de fe y de amor al prójimo, presente en la vida de millones de personas sencillas. A este pozo lo hemos visto durante la pandemia sacar mucha agua y regar muchos jardines de tristeza. En efecto, frente a las dificultades que tiene el Estado de llegar a todos los rincones del país y la incapacidad del mercado de tocar con su “mano invisible” a los sectores más pobres, apareció con fuerza y esplendor la sociedad organizada en los barrios, las capillas, las juntas de vecinos, los clubes deportivos, las familias y un gran etcétera. Ellos sacaron lo mejor de sí mismos para generar comunidad, amparo, una llamada, y un buen plato de comida caliente. Este pozo está lleno de dones que nos pueden ayudar a generar un futuro mejor. Chile, aunque algunos lo quieran negar una y mil veces, es un país cristiano. Junto a ello, es imprescindible tener presente que la fuerza moral del país está en los que día a día llevan el pan a su mesa, movidos por la fe que les imprime a sus vidas un horizonte de presente arraigado en la dinámica del amor al prójimo y un sentido de futuro dado por la confianza en Dios. Con ellos –que están llenos de autoridad y vacíos de poder- podremos “preparar el futuro” más que “prepararnos para el futuro”.

Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 02-08-2020