Hermana Lucienne Hardy regresa a Bélgica

Tras 41 años de servicio en Ñuble

La religiosa de los Sagrados Corazones estuvo a cargo del Hogar Nueva Esperanza, en donde deja una huella imborrable.

 
Martes 25 de Agosto de 2020
Ver Galería
Llegó en 1979 a la comuna de El Carmen, para acompañar el servicio que la hermana Victoria hacía en el Hogar de Menores. Luego de dos años, el Obispo le pidió hacerse cargo de una nueva iniciativa en Chillán, para acoger a menores en situación de vulnerabilidad. Este fue el origen del Hogar Esperanza, que ha contado por 39 años con la entrega y compromiso de hermana Lucienne Hardy Nassen, religiosa belga de los Sagrados Corazones, y que el 29 de agosto regresa definitivamente a su tierra natal, tras dejar Chillán este martes.

Mamá Lucienne, como le llaman cariñosamente todavía personas adultas que pasaron en un momento de sus vidas por el Hogar, ha vivido poco tiempo en Bélgica. Siendo joven religiosa, partió a África, donde estuvo seis años en El Congo en la misión de los SSCC, trabajando como enfermera en un consultorio, donde incluso tuvo que hacer de matrona. Desde allí a Chile, solo pasando tiempos de vacaciones en su patria, donde por supuesto aprovechaba de conseguir recursos para la obra social que ha liderado.

Hoy la Fundación Nuestra Señora de la Esperanza está a cargo de laicos, con todos los estándares que el Estado exige a las instituciones colaboradoras al servicio de la niñez. El Hogar Esperanza, ubicado en Avenida O´Higgins, acoge a más de 45 lactantes y niños, mientras que la Residencia Padre Damián acoge a 16 jóvenes mujeres de diversas comunas de Ñuble que estudian en Chillán.

Ya con casi 80 años, Lucienne ha tomado la difícil decisión de regresar a su patria de origen, pues la salud está más frágil y ya no tiene las fuerzas para seguir acompañando de cerca la exigente obra. Pero se va confiada, porque la Fundación queda en buenas manos, y también agradecida, lo que expresa en pocas palabras: “Agradezco el cariño recibido y compartido, porque pude hacer algo por la gente más pobre, los que no tienen nada”.

Sí, la hermana Lucienne no es muy buena para hablar y su castellano es dificultoso, pero qué duda cabe que ha hablado con sus obras. Por eso la gratitud de mucha gente y de la Iglesia de Chillán, que valora su entrega sencilla y perseverante. La acompañará en su vida la huella de estos 41 años en Chile: “He recibido mucho cariño de la gente, acá es diferente, todos te conocen, tantos años”. Y a nosotros nos seguirá acompañando el fruto de su servicio y esfuerzo entre niños y jóvenes.

Carta de Ricardo Leiva, hoy adulto y profesor, que vivió de niño en Hogar Esperanza

Querida Mamá Lucienne,
Gracias por el cariño y amor incondicional de su corazón de Madre.

Gracias por permitirme conocer a Dios y entender que tengo alma y espíritu.

Gracias porque no tuve tiempo para estar triste y enojado, ya que siempre había un paseo o un viaje; a la nieve, al campo, a la playa, a Pucón y otros tantos lugares.

Gracias por permitirme conocer el mundo y poder relacionarme con diversas personas, en los scouts, en el extranjero, amigos en el colegio, en liceo y universidad.
Gracias por enseñarme el valor del respeto y el esfuerzo, y comprender que el trabajo bien hecho es el inicio de buenas cosas para mí y para quienes me rodean.

Gracias mamá Lucienne por su sencillez, su generosidad, su honradez, su temple y su integridad.

Gracias por tratarme siempre con respeto y dignidad.

Gracias por ser una madre para mí, una increíble suegra para mi señora y una abuela cariñosa con mis hijos.

Gracias porque cuando creí que todo estaba perdido, usted estuvo a mi lado para ayudarme a continuar…

En mi corazón por siempre. Con todo cariño y amor.
Ricardo.


Fuente: Comunicaciones Chillán
Chillán , 25-08-2020