Mons. Alberto Ortega, Nuncio Apostólico: “La forma mejor de favorecer la fraternidad es comunicar el amor de Dios y desde ahí promover el diálogo, el conocimiento mutuo y el respeto”

En entrevista exclusiva a la Arquidiócesis de Concepción, el Nuncio Apostólico, Mons. Alberto Ortega, se refirió al proceso de adaptación tras su arribo a Chile, al escenario que se vive a nivel global debido a la crisis sanitaria y al álgido momento social que enfrenta el país.

 
Sábado 24 de Octubre de 2020
En lo que ha sido su llegada a Chile y su labor como Nuncio Apostólico, y teniendo en consideración la crisis sanitaria global, ¿cómo ha sido su proceso de adaptación?

He llegado a Chile a mediados de diciembre de 2019, en un momento particular de la vida del país, un par de meses después del llamado “estallido social” y un poco antes del verano, que es un periodo más tranquilo. Después cuando comenzaba un ritmo más intenso de actividades llegó la pandemia del coronavirus y se han limitado mucho los encuentros y las celebraciones. Por eso ha sido un proceso de adaptación un poco particular en el que percibo que tengo mucho que aprender y mucho por conocer. Es un País donde no faltan contrastes como se ha puesto de relieve con motivo del aniversario del estallido social. Junto con mucha gente que hace ver de manera pacífica un deseo de cambio y de mejoras sociales y económicas hemos constatado también por parte de unos pocos una violencia desmedida y preocupante que no respeta ni siquiera los lugares de culto que son tan significativos para una parte importante de la población.

El Papa Francisco envió una carta el 31 de mayo de 2018 sobre la situación de la Iglesia Católica chilena, ¿cómo pretende llevar a cabo su misión teniendo en consideración el desafiante escenario nacional?

El Papa ha escrito esta carta a los fieles chilenos en un momento de particular dificultad en el que les ha invitado a la oración pero al mismo tiempo es un mensaje de mucha esperanza que nos recuerda la importancia de estar muy unidos a Jesucristo que tiene que ser el centro de nuestra vida. La carta nos invita a todos a una conversión a nivel personal e institucional. Un proceso de conversión y transformación en el que se destaca el papel de todos los miembros del pueblo de Dios que hemos recibido la unción del Espíritu Santo y que como Iglesia tenemos una misión fundamental que es hacer presente el Reino de Dios en el mundo como un bien y una bendición para todos. El Papa nos invita a mirar de frente la crisis que ha atravesado la Iglesia para transformarla en el eslabón de un nuevo caminar.

¿En qué medida la pandemia ha afectado el poder conocer la acción pastoral de cada diócesis y cómo ha enfrentado dicha situación? ¿Qué es lo que conoce de la Arquidiócesis de Concepción?

La situación de pandemia por desgracia no me ha permitido moverme mucho y conocer de cerca la acción pastoral de las diócesis que por ahora he podido conocer a través de lecturas y de conversaciones. En cualquier caso he podido constatar que hay muchas actividades e iniciativas interesantes en diversos campos que para mí son un signo de esperanza y muestran la vitalidad de la Iglesia que quiere compartir desde cerca la vida de sus hermanos. En este camino de ser Iglesia en salida para el bien de todos, en especial de los más necesitados, estamos llamados a seguir avanzando siempre con mucha docilidad a la acción del Espíritu Santo.

En este camino nos ayuda el testimonio y la guía del Papa Francisco a los que me gusta hacer referencia cada vez que tengo ocasión. Por desgracia todavía no he podido acercarme a la Arquidiócesis de Concepción pero espero hacerlo apenas tenga la oportunidad.

Una vez superada la crisis sanitaria, ¿cuál es el plan de trabajo para conocer la labor pastoral de la Iglesia Católica chilena?

Para conocer desde más cerca la labor pastoral de la Iglesia chilena mi deseo es poder visitar las diócesis cuando haya ocasión y mantener desde el principio una buena relación sobre todo con los Obispos, con los sacerdotes y las personas consagradas. Al mismo tiempo me parece también muy importante escuchar a los laicos y conocer más todo lo que hacen. Gracias también a visitas que he recibido en la Nunciatura Apostólica he podido conocer iniciativas preciosas que han nacido de grupos de laicos que son un bien no sólo para la Iglesia sino para toda la sociedad, por ejemplo iniciativas a favor de la defensa de la vida, de la protección de la infancia, de la educación de los jóvenes, de acompañamiento a los enfermos terminales y diversas formas de asistencia a favor de los más desfavorecidos. Me gustaría que se conocieran más algunas de estas iniciativas que me hacen sentir sanamente orgulloso y grato al Señor por ser parte de esta gran familia de la Iglesia.

Actualmente, Chile se encuentra viviendo un proceso de transformaciones sociales. ¿Cuál es el rol de la Iglesia Católica en dicho proceso? ¿De qué forma puede aportar a la comunidad?

La Iglesia somos todos y la gran contribución de la Iglesia es hacer presente el Reino de Dios, es continuar hoy entre los hombres la misión salvadora de Jesucristo y así los cristianos estamos llamados a ser artífices de paz, de diálogo, de reconciliación y de desarrollo. Las iniciativas a las que acabo de hacer referencia son una muestra preciosa de esta contribución de la Iglesia para el bien de toda la sociedad. Los obispos y los pastores tienen una responsabilidad para iluminar este camino de todo el pueblo de Dios a la luz de los principios del Evangelio que están recogidos en la Doctrina Social de la Iglesia. Creo que en este sentido la iglesia tiene una palabra muy importante que ofrecer a todos los hombres. La Iglesia, por tanto, gracias a Dios, puede realizar una contribución extraordinaria para el bien común, cada uno desde su propia vocación. Por poner un ejemplo señalo la importancia de las escuelas y las universidades católicas y la preciosa acción que llevan a cabo diversas instituciones al servicio de la Caridad como la Caritas y el Hogar de Cristo, entre otras muchas.

Considerando que la última encíclica de Papa Francisco ‘Fratelli Tutti’ es un llamado a la fraternidad. ¿De qué forma se logra concretar tal llamado? ¿Cómo se logra la unidad en tiempos complejos?

La forma mejor de favorecer la fraternidad es comunicar el amor de Dios y desde ahí promover el diálogo, el conocimiento mutuo y el respeto. Como afirma el Papa, es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la Patria y del mundo. Y se trata de hacerlo todos juntos, no solos ni individualmente. La Encíclica hace referencia a la parábola del Buen Samaritano, y con esta inspiración el Papa nos incita a ser muy concretos en el cuidado de la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con una actitud solidaria y atenta, con la actitud de proximidad del buen samaritano, sin esperar reconocimientos ni gratitudes hasta la entrega generosa de sí mismos a los demás. No basta simplemente tolerar al otro sino que se trata de estimarlo y reconocerlo como un bien para mí. La lógica de la gratuidad tiene sus raíces últimas en la experiencia de sabernos amados por Dios. Desde aquí se logra también una unidad cada vez mayor a pesar de la diversidad de las opiniones. Porque es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Me parece muy importante cultivar la perspectiva de la fe que nos hace reconocer a Dios como Padre de todos y reconocernos todos como hermanos unidos en una misma familia en una casa común. Frente a los tiempos complejos que nos toca vivir, el Papa Francisco con esta Encíclica non invita a reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras.

¿Cómo evalúa el proceso de adaptación que las distintas parroquias han debido efectuar respecto a la transmisión de Misas, por ejemplo? ¿Cómo ha sido la respuesta de los fieles?

Me parece que la Iglesia ha tenido una reacción muy bonita a las necesidades que la pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto. Me alegra ver que la Iglesia en muchos sitios ha puesto a disposición sus estructuras para alojar a la gente sin techo o como residencias sanitarias para el bien común. Al mismo tiempo se ha puesto muy de manifiesto la caridad y la ayuda a los más necesitados. Desde el nivel de las diócesis hasta las últimas capillas se han promovido ollas comunes, actividades de recolección de fondos y de alimentos para ayudar a los más desfavorecidos. La Iglesia ha estado cerca también con una palabra de esperanza y los sacerdotes se han sabido adaptar a las nuevas circunstancias trasmitiendo las Misas y otras iniciativas de oración y de evangelización a través de las redes sociales aprovechando las oportunidades que nos brinda internet para poder llegar también virtualmente a los hogares de todos. Ha sido una expresión de una gran creatividad pastoral, que espero siga dando muchos frutos. Los fieles han respondido muy bien, adhiriendo a las diversas propuestas y en algunos casos tomando nuevas iniciativas. Espero que pronto se pueda retomar la participación presencial con normalidad en las diversas celebraciones que es un deseo que percibo también en la mayoría de los fieles.

Estamos llegando a fin de año, mes de María, adviento. Ambos son periodos de importante reflexión. ¿Cuál es la invitación de la iglesia en ambos contextos?

La invitación de la Iglesia a la luz de la figura de la Virgen María nuestra Madre es la de acoger en nuestra vida la voluntad de Dios, la disponibilidad a la voluntad de Dios que se nos revela en Jesús. El consejo que María nos da es el de hacer lo que Él, su Hijo Jesús, nos diga. Y sabemos que Jesús nos invita a vivir el mandamiento del amor. Como María, que llena del Señor se pone en camino para ayudar a su prima santa Isabel, así nosotros estamos llamados a llevar la presencia buena del Señor a todos los hombres nuestros hermanos. El mensaje del Adviento es también un mensaje de esperanza porque reconocemos y acogemos la presencia del Salvador que llena el corazón de alegría. Y repetimos con confianza: ¡Ven Señor Jesús! Este mensaje de Esperanza es más importante que nunca en estos momentos de dificultad en modo particular para nuestro País. El mejor antídoto ante las dificultades es vivir la esperanza que es un don de Dios y que nace del reconocimiento de aquel que está entre nosotros y que es la fuente de la vida verdadera y que llena el corazón de alegría.

Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 24-10-2020