Opinión:

"Vacuna y desconfianza"

El obispo de la Diócesis San Bartolomé, padre Sergio Pérez de Arce, publicó este domingo una columna de opinión en el Diario Crónica Chillán sobre el proceso de vacunación por la pandemia del Covid-19.

 
Domingo 31 de Enero de 2021
Comenzará esta semana la vacunación gradual y extendida de la población, en vistas de enfrentar la propagación del virus que causa el Covid-19. Hay quienes rechazan esta vacunación con opiniones que denotan desconfianza y escepticismo. Desconfianza por el origen de las vacunas, o por sus efectos secundarios, o por los intereses que estarían detrás. Escepticismo, que llega incluso hasta poner en duda la existencia misma de la pandemia, como si los miles de muertos y los millones de contagiados fueran un invento o un fenómeno abultado con fines oscuros.

Es bueno tener sentido crítico y vislumbrar los tantos intereses mezquinos que mueven a nuestro mundo, pero la desconfianza extrema impide construir una sana convivencia. Para convivir bien no basta que yo me deje llevar por mi pura opinión subjetiva, ni menos que dé crédito ingenuo a cualquier noticia que llega por redes sociales. Para convivir y construir algo juntos necesitamos confiar unos en otros, incluyendo la confianza en las instancias y responsables que guían la sociedad. En el caso de la vacuna, en las instancias científicas que señalan que una vacuna es clínicamente segura y eficaz. En el modo de enfrentar la pandemia, en las autoridades sanitarias y políticas que toman las decisiones, ejerciendo por supuesto los controles que la democracia tiene para que esas autoridades ejerzan bien su rol. Lo que no sirve es desconfiar de todo y opinar de todo, sin más fundamento que lo que yo creo y pienso.

En la vacunación que comentamos, no sólo está el deber de proteger mi propia salud, sino también la salud de los demás. Podemos cuidarnos del virus a través del “aislamiento social”, el uso de la mascarilla y el lavado de manos, pero está claro que son medios insuficientes y que la vacuna se presenta como más eficaz. Por otra parte, si muchos no se vacunan, se hace más difícil lograr una inmunidad extendida o de grupo, necesaria para que la vacuna tenga un efecto social. Por tanto, lo ético es vacunarse, porque lo central es cuidarnos unos a otros, sobre todo a los más débiles. Si tengo alguna razón para no vacunarme, debe ser una razón seria, procurando cultivar los otros medios para evitar el contagio. Lo que no puede pasar es que me dé lo mismo, que crea que no es un problema mío.

La pandemia, además, no es sólo un problema sanitario, sino con graves consecuencias económicas, sociales y humanas. Superarla es un deber de todos. “Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros” (Papa Francisco, Fratelli Tutti N° 35).

Fuente: Comunicaciones Chillán
chillan, 31-01-2021