Cuaresma 2021: “Conviértanse a mí de todo corazón”

Reflexión de Mons. Stegmeier.

 
Martes 16 de Febrero de 2021
Hermanos en Jesucristo:

Esta semana se da inicio a la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. El signo de la ceniza y el tiempo cuaresmal son una advertencia de la misericordia de Dios de la necesidad de convertirnos. La fe nos dice quién es el Señor, cuan santo es, cuánto nos ama al crearnos y más aún al redimirnos a pesar de nuestro pecado. En efecto, “la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5,8).

Recibir la gracia de darnos cuenta del amor del Señor conduce a comprender también que mi pecado es una ofensa a ese amor infinito. Y si alguno de nosotros considera que el pecado no es para tanto, entonces ¡cuidado!, hay que ponerse de rodillas ante el Señor y suplicar la gracia de la conversión.

Hay que pedir desde lo más profundo del propio ser que se haga realidad en nosotros lo que nos dice el Señor: “Conviértanse a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos, con lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestidos, vuelvan al Señor, su Dios, porque Él es clemente y compasivo, tardo a la cólera, rico en amor, y se ablanda ante la desgracia” (Jl 2,12-13).

La conversión es una gracia sobrenatural que se refiere a cosas sobrenaturales. No se reduce a un cambio de conducta moral. La conversión es orientarse hacia el Señor, con el anhelo de amarlo por sobre todas las cosas. Es el amor a Dios el que nos mueve a darle la espalda al pecado, a rechazar al demonio y a la mundanidad.

Jesús nos hace un llamado apremiante en el Evangelio: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio” (Lc 1,15) y “y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo” (Lc 13,3.5). Haciéndole eco, en estos últimos tiempos es un mensaje recurrente en las apariciones de la Virgen María.

Cada año el Señor nos vuelve a regalar este tiempo de gracia cuaresmal para darnos una nueva oportunidad. No la desechemos. Todas las desgracias experimentadas desde hace más de un año en nuestro país tenemos que verlas como una permisión del Señor para volvernos a Él, para darnos cuenta de que este cúmulo de males es causado porque hemos rechazado a Dios y para que entendamos que sólo nuestra conversión personal y social a Él traerá la paz.

La conversión es gracia. Por eso va acompañada de la oración, de la escucha de la Palabra de Dios, de la penitencia y la confesión sacramental de los pecados. Hay que ayunar, sobre todo de internet usándolo solo para cosas esenciales.

La manifiesta incapacidad de resolver nuestros problemas con las solas fuerzas humanas, tiene que llevarnos a confiarnos al Señor, suplicar su misericordia y llorar nuestros pecados.

+ Francisco Javier Stegmeier
Obispo de Villarrica

Fuente: Comunicaciones Villarrica
Villarrica, 16-02-2021