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Chile una patria donde todos podemos vivir

Fecha: Lunes 16 de Septiembre de 2019
Pais: Chile
Ciudad: Calama
Autor: Mons. Óscar Blanco Martínez

En nombre de Dios padre, y de la Iglesia Diocesana de Calama expreso mi fraterno saludo a las autoridades civiles y militares aquí presentes, a las organizaciones sociales, a los colegios, sacerdotes, comunidades religiosas, a los chilenos y chilenas que en esta celebración conmemoramos el aniversario número 209 de la Primera Junta Nacional de Gobierno, dando inicio al proceso de la Independencia de nuestro país, el 12 de febrero de 1818. Y como todos los años venimos a esta Iglesia Catedral, casa de Dios, para dar gracias al Altísimo con el solemne TE DEUM.

En una sociedad chilena que cada día se muestra más hostil a las costumbres y tradiciones, hoy nos encontramos en una que es bella y propia, como es: Dar gracias a Dios, rezar por nuestra patria y su gente. Aquí está la Iglesia y la patria, para repetir una buena costumbre que nos pertenece desde los orígenes, desde 1811, cuando se cumplió el primer aniversario de la Primera Junta Nacional de Gobierno.

Seguramente los historiadores podrán explicarnos mucho mejor, lo que significó ese periodo de independencia, donde hombres y mujeres trabajaron y lucharon hasta dar su vida por una causa común. Nosotros queremos a la luz de las enseñanzas de la fe dar gracias y rezar por nuestra patria, por los hombres y mujeres que han construido y siguen aportando en la construcción de una patria más justa, digna y próspera; siendo hoy motivo de gloria y alabanza a nuestro Dios. Porque “no todo el que dice ´Señor, Señor´ entrara en el reino de los cielos, sino el que escucha, reza y práctica”. (Mt.7,21)

1. La primera piedra de la casa chilena.

Fue en una gran sala de una casa donde se echaron las bases y se puso la primera piedra de la junta nacional de gobierno (sala del tribunal del consulado) que dio origen a nuestra patria. La casa fue el lugar de encuentro, de escucha, diálogo y búsqueda del bien común.

El Evangelio que Mateo nos hace llegar, subraya algo que los hombres y mujeres creyentes debemos recordar continuamente. Escuchar y practicar la palabra de Dios, es decir, hacer realidad su evangelio, pues si no se da esto, nuestro cristianismo es insensato, no tiene sentido. El hombre y la mujer sensatos no construyen su casa de cualquier manera, se preocupan de lo esencial: edifican sobre roca firme.

El insensato, por el contrario, no piensa lo que está haciendo; construye sobre arena, pero al llegar las tempestades, la casa sobre arena se destruye y la que está sobre roca se mantiene.

2. Chile una casa donde todos podemos vivir.

Construir nuestra patria como una casa donde todos podemos vivir, no es tarea fácil. Muchas tormentas la están azotando y quieren cambiar sus bases y principios sólidos por bases y principios de arena. Sin duda que en una casa como la patria hay muchas cosas que se tienen que modificar, según los tiempos y circunstancias, y es bueno que así sea. Transformar las cosas que se deben cambiar es tarea de todos, para ello se necesita escucha, diálogo, acuerdo y trabajo en conjunto. Porque si cambiamos lo que sostiene la casa de todos, con inestabilidad e inseguridad en todo el edificio, y a los que lo habitan, puede llevarnos a lo que nos dice el evangelio, “cuando venga la lluvia, soplen los vientos y arremetan los torrentes la destrucción será grande”. Edifiquemos nuestra patria sobre la roca de la fraternidad, el dialogo y la convivencia social y no en la arena de la división, de la confrontación y el atropello. Edifiquemos nuestra patria sobre la roca solida de la solidaridad, la caridad y el servicio a los más necesitados y no en la arena del egoísmo, la mezquindad y la indiferencia.

3.- Chile llamada a ser una gran familia

Nuestra patria está llamada a ser una gran familia, donde todos nos veamos las caras, seamos amados, respetados y nadie quede excluido. Donde no falte el pan cotidiano, el trabajo justo y digno, donde los hijos tengan acceso a una educación y los padres el derecho de elegirla, donde los enfermos tengan acceso a la salud, los abuelos sean respetados y reciban pensiones éticas para una vida digna, donde los niños y la mujer no sean abusados y violentados. Una familia donde todos sean escuchados y no sólo los que más gritan o aquellos que tienen tribuna en los micrófonos o cámaras de los medios de comunicación. También hay que escuchar la voz de los que están lejos del centralismo, de los que viven en las periferias territoriales y existenciales. La familia es una roca sólida de la patria. “Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos… ninguna unión cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad…”. (AL 52). Es importante que, en esta familia chilena, no improvisemos, sino que pensemos, discernamos y decidamos desde los ideales de la justicia, la verdad y el Bien Común. Que construyamos desde nuestra propia identidad y no imitemos y repitamos lo que nos venden otras culturas extranjeras. Construyamos desde los ideales que nos constituyeron como patria libre y soberana. Dejemos atrás los egoísmos, ambiciones y enfrentamientos que nos destruyen.

4.- Chile, y el desafío de ser una casa más hospitalaria.

Hoy tenemos por delante un gran desafío. Chile tiene que ser una casa acogedora, porque hay lugar para todos, hay diversas riquezas que podemos compartir. Porque somos una familia grande, un pueblo, una sociedad, una “Nación libre, independiente y soberana” (acta de independencia 12/02/1818), no puede haber excluidos, sobrantes, ni descartados. Necesitamos que esta casa sea más hospitalaria con los que vienen de afuera; son seres humanos que se ven en la obligación de desplazarse, soportar dificultades por su misma condición y con frecuencia ser objeto de juicios negativos al considerarse como los causantes de diversos males sociales, que vienen a quitar trabajo, traer enfermedades y delincuencia, copar los beneficios sociales y atenciones de los servicios públicos. El Papa Francisco, nos dice: “No se trata sólo de migrantes: se trata de la caridad del Evangelio, que se vive con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar las gracias”. Lo que está en juego es la calidad humana de nuestra política migratoria, se trata del rostro que debemos dar como sociedad chilena, el calor de hogar de una casa que recibe y se quiere al amigo y amiga cuando son forasteros.

5. Chile y el desafío por el cuidado de la casa común.

La imagen de la casa, nos recuerda una casa más grande, la “Casa común” El Papa Francisco, en su encíclica “Laudato SI”, invita a “escuchar con el corazón” los gritos cada vez más angustiosos de la tierra y de sus pobres en busca de ayuda y responsabilidad, para atestiguar la gran urgencia de un cambio, de una conversión ecológica. En el pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos que acabamos de escuchar (8,18-25), nos recuerda que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en relación con Él y reconocer la huella de su designio de amor, a cuya realización estamos llamados todos a colaborar, día a día. No somos Dios, la tierra nos ha presidido y nos ha sido dada. Debemos preocuparnos que otros seres vivos no sean maltratados, como también debemos seguir preocupándonos de las enormes inequidades que hay entre nosotros, pues seguimos tolerando que unos sean más dignos que otros. La creación entera “gime con dolores de parto” por el egoísmo del ser humano que termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas. Necesitamos un cambio en el paradigma financiero: producir mejor riqueza y desarrollo en justicia y equidad, exige cuidar el medio ambiente y hacer nuestro desarrollo sustentable. En este sentido debemos aprender de las comunidades indígenas, ellos nos iluminan en el cuidado de la Casa Común. Para ellos, la tierra, más que un bien económico, es ante todo un don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar, pedir permiso, pagar y dar gracias, para sostener su identidad y sus valores. Dios nos llama a dar testimonio del compromiso inaplazable de salvar la Tierra y la vida en ella, en la base de la ecología integral.

6. Chile y el desafío de recuperar la confianza en la Casa de todos.

La confianza es una de las piedras firme en que se puede construir con esperanza, la casa de nuestra patria. De acuerdo a la RAE confianza significa “Esperanza firme que se tiene en alguien o algo”, por lo tanto, la desconfianza se relaciona directamente con la desesperanza, situación que vemos hoy en nuestra gente, tanto en el campo civil como religioso. Hemos caído en una desconfianza generalizada, se desconfía del hermano, del vecino, del comerciante, del empresario, del político, del sacerdote, del obispo, de los medios de comunicación, árbitro de futbol de sus dirigentes, se desconfía de las instituciones, etc. La desconfianza nos paraliza, no nos deja avanzar. Pidámosle hoy a Dios, quien se ha fiado de cada uno de nosotros, que nos ayude a recuperar la piedra de la confianza y dejar de construir sobre la arena de la desconfianza.


7. Nuestro aportar desde la roca de la fe.

Los hombres y mujeres de fe de nuestra Patria, queremos aportar al bien común de nuestro querido Chile, los valores trascendentes y evangélicos de nuestra profesión. Agradezco la presencia del representante de las Iglesias Evangélicas en este Te Deum, su presencia es compromiso de seguir trabajando juntos por una patria bendita y una sociedad más fraterna, todos somos hijos de Dios y para los no creyentes todos, sin excepción hijos de esta bendita tierra chilena y por tanto hermanos.

Invocamos la protección de nuestra madre la Virgen del Carmen, celestial protectora de nuestra Patria e intercesora por la Independencia, para que nos brinde del Señor; la luz, la decisión y el coraje de ser una PATRIA DE HERMANOS, DONDE TODOS PODEMOS VIVIR. AMÉN.

+ Óscar Blanco Martínez
Obispo de Calama