En el Año del Espíritu Santo

CAPÍTULO 8


LAS MUJERES QUE ACOMPAÑABAN A JESÚS
 
[1]. Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce [2]. y también algunas mujeres, a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios; [3]. Juana, mujer de un administrador de Herodes, llamado Cuza; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.
 
LA COMPARACIÓN DEL SEMBRADOR
 
[4].Un día se congregó un gran número de personas, pues la gente venía a verlo de todas las ciudades, y Jesús se puso a hablarles por medio de comparaciones o parábolas:
[5]. "El sembrador salió a sembrar. Al ir sembrando, una parte del grano cayó a lo largo del camino, lo pisotearon, y las aves del cielo lo comieron. [6]. Otra parte cayó sobre rocas; brotó, pero luego se secó por falta de humedad. [7]. Otra cayó entre espinos, y los espinos crecieron con la semilla y la ahogaron. [8]. Y otra cayó en tierra buena, creció y produjo el ciento por uno." Al terminar, Jesús exclamó: "Escuchen, pues, si ustedes tienen oídos para oír."
[9]. Sus discípulos le preguntaron qué quería decir aquella comparación. [10]. Jesús les contestó: "A ustedes se les concede conocer los misterios del Reino de Dios, mientras que a los demás les llega en parábolas. Así, pues, mirando no ven y oyendo no comprenden.
[11]. Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de Dios. [12]. Los que están a lo largo del camino son los que han escuchado la palabra, pero después viene el diablo y la arranca de su corazón, pues no quiere que crean y se salven. [13]. Lo que cayó sobre la roca son los que, al escuchar la palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíz; no creen más que por un tiempo y fallan en la hora de la prueba. [14]. Lo que cayó entre espinos son los que han escuchado la palabra, pero las preocupaciones, la riquezas y los placeres de la vida los ahogan con el paso del tiempo y no llegan a madurar. [15]. Y lo que cae en tierra buena son los que reciben la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y, perseverando, dan fruto.
[16]. Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz. [17]. No hay nada escondido que no deba ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la luz. [18]. Por tanto, fíjense bien en la manera como escuchan. Porque al que produce se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener."
 
ESTÁN TU MADRE Y TUS HERMANOS
 
[19]. Su madre y sus hermanos querían verlo, pero no podían llegar hasta él por el gentío que había. [20]. Alguien dio a Jesús este recado: "Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte." [21].Jesús respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen."
 
LA TEMPESTAD CALMADA
 
[22]. Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos y les dijo: "Crucemos a la otra orilla del lago." Y remaron mar adentro. [23]. Mientras navegaban, Jesús se durmió. De repente se desencadenó una tempestad sobre el lago y la barca se fue llenando de agua, a tal punto que peligraban. [24]. Se acercaron a él y lo despertaron: "Maestro, Maestro, ¡estamos perdidos!" Jesús se levantó y amenazó al viento y a las olas encrespadas; se tranquilizaron y todo quedó en calma.
[25]. Después les dijo: "¿Dónde está su fe?" Los discípulos se habían asustado, pero ahora estaban fuera de sí y se decían el uno al otro: "¿Quién es éste? Manda a los vientos y a las olas, y le obedecen."
 
EL ENDEMONIADO Y LOS CERDOS
 
[26]. Llegaron a la tierra de los gerasenos, que se halla al otro lado del lago, frente a Galilea. [27]. Acababa Jesús de desembarcar, cuando vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba poseído por demonios. Desde hacía mucho tiempo no se vestía ni vivía en casa alguna, sino que habitaba en las tumbas. [28]. Al ver a Jesús se puso a gritar y se echó a sus pies. Le decía a voces: "¿Qué quieres conmigo, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te lo ruego, no me atormentes."
[29]. Es que Jesús ordenaba al espíritu malo que saliera de aquel hombre. En muchas ocasiones el espíritu se había apoderado de él y lo había llevado al desierto. En esos momentos, por más que lo ataran con cadenas y grillos para somerterlo, rompía las ataduras.
[30]. Jesús le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" Y él contestó: "Multitud." Porque muchos demonios habían entrado en él; [31]. y rogaban a Jesús que no les ordenara volver al abismo. [32]. Había en ese lugar un gran número de cerdos comiendo en el cerro. Los demonios suplicaron a Jesús que les permitiera entrar en los cerdos, y él se lo permitió. [33]. Salieron, pues, del hombre para entrar en los cerdos, y toda la piara se precipitó de lo alto del acantilado, ahogándose en el lago.
[34]. Al ver los cuidadores lo que había ocurrido, huyeron y llevaron la noticia a la ciudad y a los campos. [35]. La gente salió a ver qué había pasado y llegaron a donde estaba Jesús. Encontraron junto a él al hombre del que habían salido los demonios, sentado a sus pies, vestido y en su sano juicio.
Todos se asustaron. [36]. Entonces los que habían sido testigos les contaron cómo el endemoniado había sido salvado. [37]. Un miedo muy fuerte se apoderó de ellos y todo el pueblo del territorio de los gerasenos pidió a Jesús que se alejara.
Cuando Jesús subió a la barca para volver, [38]. el hombre del que habían salido los demonios le rogaba que lo admitiera en su compañía. Pero Jesús lo despidió diciéndole: [39]. "Vuélvete a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti." El hombre se fue y publicó en la ciudad entera todo lo que Jesús había hecho por él.
 
JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO
 
[40]. Ya había gente para recibir a Jesús a su regreso, pues todos estaban esperándolo. [41]. En esto se presentó un hombre, llamado Jairo, que era dirigente de la sinagoga. Cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, [42]. porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Y Jesús se dirigió a la casa de Jairo, rodeado de un gentío que casi lo sofocaba.
[43]. Entonces una mujer, que padecía hemorragias desde hacía doce años y a la que nadie había podido curar, [44]. se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. Al instante se le detuvo el derrame. [45]. Jesús preguntó: "¿Quién me ha tocado?" Como todos decían: "Yo, no", Pedro le replicó: "Maestro, es toda esta multitud que te rodea y te oprime." [46]. Pero Jesús le dijo: "Alguien me ha tocado, pues he sentido que una fuerza ha salido de mí."
[47]. La mujer, al verse descubierta, se presentó temblando y se echó a los pies de Jesús. Después contó delante de todos por qué lo había tocado y cómo había quedado instantáneamente sana. [48]. Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz."
[49]. Estaba aún Jesús hablando, cuando alguien vino a decir al dirigente de la sinagoga: "Tu hija ha muerto; no tienes por qué molestar más al Maestro." [50].Jesús lo oyó y dijo al dirigente: "No temas: basta que creas, y tu hija se salvará."
[51]. Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, y al padre y la madre de la niña. [52]. Los demás se lamentaban y lloraban en voz alta, pero Jesús les dijo: "No lloren; la niña no está muerta, sino dormida." [53]. Pero la gente se burlaba de él, pues sabían que estaba muerta. [54]. Jesús la tomó de la mano y le dijo: "Niña, levántate." [55]. Le volvió su espíritu; al instante se levantó y Jesús insistió en que le dieran de comer. [56]. Sus padres estaban fuera de sí y Jesús les ordenó que no dijeran a nadie lo que había sucedido.


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