Opinión / Editorial

Construyamos juntos una cultura de paz

Vivimos un tiempo que para muchos es de descanso y vacaciones. Qué mejor ayuda para la familia poder disfrutar de los lugares que visitamos, recuperar ánimo y energía, “cargar pilas”. Un tiempo precioso para encontrarnos y “volver amarrar” lazos con las personas que amamos: la familia, los amigos, la comunidad. Vacaciones es un tiempo precioso para que el proyecto sea “tener tiempo libre”. La libertad de la presión del día a día, sumergido en la labor cotidiana, particularmente laboral, regala un tiempo de serenidad, de paz, de respiro y sosiego, que nos evoca esos momentos de reposo y contemplación de Jesús cuando se retiraba con sus discípulos a descansar.

Pero la vida sigue su curso, y no precisamente en un contexto muy pacífico. En nuestro continente, nos duele la dramática situación que vive el pueblo venezolano, en medio de una crisis política, económica y social que por momentos llega a asomar como insalvable, con el peligro de una grave confrontación social y con episodios de violencia que han costado la vida de personas y el sufrimiento de miles de familias.

También dentro de nuestras fronteras, la violencia verbal de parte de algunos líderes y representantes de la ciudadanía alcanza niveles muy preocupantes. La sucesión de mensajes descalificatorios, el lenguaje agresivo, los insultos y provocaciones, encienden la alarma por el ambiente crispado que comienza en frases y gestos desafortunados, y que llega al extremo de amenazas, presiones indebidas y acciones expresamente violentas.

En una sociedad democrática, todos tenemos derecho a expresar libremente nuestras convicciones y a ejercer nuestros derechos. Pero el respeto a las demás personas es el límite racional que conduce nuestra libre expresión. A lo largo de las últimas décadas hemos comprobado que la violencia solo conduce a más violencia. Los cristianos somos llamados a ser “promotores de paz”, a cultivar valores y virtudes que ennoblezcan a las personas, como el respeto por el otro –más allá de las legítimas diferencias– y el valor del diálogo para resolver los conflictos.

El papa Francisco nos ha recordado, en su último mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que ofrecer la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana. La cultura de paz no es solo tarea de autoridades y dirigentes. También la construimos a diario en el buen trato familiar, en la convivencia respetuosa en los barrios y en la ciudad, en nuestra forma de expresarnos de los otros.

Aprovechemos este tiempo que para muchos significa un espacio de descanso, para cultivar un espíritu pacífico, para ser artesanos de paz. Desde la sabiduría que da la serenidad y la contemplación de la vida, aprendamos a valorar lo positivo que hay en los demás, a reconocer que toda persona merece ser respetada y que una sociedad mejor la construimos todos, en una paz que es fruto de la justicia y preocupación por los otros.

 

+ Santiago Silva Retamales
Obispo Castrense de Chile
Presidente de la Cech

 

Santiago, Lunes 28 de Enero de 2019