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Rezo diario del mes


Viernes 11 de Noviembre del 2011


  • Acogida
  • Momento de la Palabra
  • Oración Comunitaria
  • Conclusión

El diácono o ministro laico da la bienvenida a los fieles convocados para celebrar.

Motivación

Hermanos y hermanas, celebramos hoy a la Virgen María, quien forma parte de los discípulos del Señor. María, tú engendraste a Jesús por obra del Espíritu Santo (Lc 1,35), enséñanos a decir "soy tu servidor, Señor, hágase en mí tu Palabra" (Lc.1,38). María, edúcanos para ser discípulos que estén dispuestos a perder la vida a causa del Reino de Dios y proclamar con la vida las grandezas del Señor.

Canto inicial

Saludo inicial

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración de bendición

Bendito seas, Señor, porque amas a los humildes de corazón y curas las enfermedades de tu pueblo santo. Derrama la paz, la bondad y la bendición; la gracia, el amor y la misericordia, sobre nosotros y sobre tu pueblo santo.

Bendito seas, Señor, que para redimirnos misericordiosamente has hecho humilde esclava tuya a la Virgen María, madre de Cristo.. Concédenos servirte como ella y dedicarnos por entero a la salvación de los hombres.

Bendito seas, Señor.

Oración inicial del mes

¡Oh María!, durante el bello mes a Ti consagrado, todo resuena con tu nombre y alabanza.
Tu santuario resplandece con nuevo brillo, y nuestras manos te han elevado un trono de
gracia y de amor, desde donde presides nuestras fiestas y escuchas nuestras oraciones y votos.

Para honrarte, hemos esparcido frescas flores a tus pies, y adornado tu frente con guirnaldas
y coronas. Mas, ¡oh María!, no te das por satisfecha con estos homenajes. Hay flores
cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Éstas son las que Tú
esperas de tus hijos, porque el más hermoso adorno de una madre es la piedad de sus hijos,
y la más bella corona que pueden depositar a sus pies, es la de sus virtudes.

Sí, los lirios que Tú nos pides son la inocencia de nuestros corazones. Nos esforzaremos,
pues, durante el curso de este mes consagrado a tu gloria, ¡Oh Virgen Santa!, en conservar
nuestras almas puras y sin manchas, y en separar de nuestros pensamientos, deseos y
miradas aun la sombra misma del mal.

La rosa, cuyo brillo agrada a tus ojos, es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos.
Nos amaremos, pues, los unos a los otros, como hijos de una misma familia, cuya Madre
eres, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal.

En este mes bendito, procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta
flor que te es tan querida, y con tu auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos,
pacientes y esperanzados.

¡Oh María!, haz producir en el fondo de nuestros corazones todas estas amables virtudes;
que ellas broten, florezcan y den al fin frutos de gracia, para poder ser algún día dignos
hijos de la más Santa y la mejor de las Madres, Amén. 




Escuchemos la Palabra del Señor.

Nos ponemos de pie. Lo recibimos cantando el Aleluya.

Lucas 17, 26-37 (Evangelio del día).

Lectio o comentario

El ministro laico hace una reflexión teniendo presente el esquema que se propone (ver ficha de Lectio, página...) y termina con algunos de los testimonios que se proponen como signo del "Alégrate" del lema del Mes.

"Alégrate, María"

Testimonio de peregrinos en la visita de la Virgen Misionera.

Querida madre María, gracias por llegar a nuestra tierra de Osorno. Te quiero dar las gracias, en nombre de mi familia, por todas las bendiciones que a diario recibimos de parte de tu querido hijo, nuestro Señor Jesucristo. Te pido que intercedas ante Él por la salud, la vida, el amor de hermanos, que llene de humildad nuestros corazones y que podamos seguir visitando a nuestros hermanos enfermos. Guarda y cuida a cada uno de ellos, en especial, por nuestro hermano Erico. Danos salud, vida, guía a mis hijos, mis nietos. (Jorge – Eric).

¡Alégrate, María, llena de gracia! Hoy nos has visitado como la madre del consuelo, como la madre de la esperanza, la madre del amor hermoso, nuestra señora del Carmen. Madre querida, te agradezco por todo lo que le regalas a este, tu Chile querido. En tu recorrido vas dejando algo de ti, en cada lugar que visitas colocas debajo de tu manto purísimo a los niños y a los jóvenes. Haz que sientan el amor de Dios en sus corazones y que con tu ayuda respondan con generosidad a tus llamados.

Me alegra mucho tu visita, madre. Te agradezco que te hayas querido quedar en este Carmelo, que es tu casa. Te encomiendo, madre querida, a las familias de las hermanas de cada una. (El Carmelo de Osorno).

Meditemos junto al salmo

Salmo responsorial: 18

M. Como discípulos misioneros entonemos un cántico para alabar el esplendor y el poder infinito de Dios con el salmo 18. Repitamos "El cielo proclama la gloria de Dios".

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. R. 




Tomadas de los libros escritos por los peregrinos.

Súplicas de intercesión

El diácono o ministro laico hace una introducción e invita a responder a cada petición:

R/ Jesús, Hijo de María, ¡escúchanos!

Señor, quiero pedirte por los sacerdotes, especialmente los que me son más queridos, los que me han ayudado con sus consejos, dado los sacramentos, con su ejemplo de una vida santa me ayudan a amarte a Ti y a tu hijo Jesús cada día más. Ayúdalos a serte gratos con un corazón bueno como el tuyo, y perseverar con fidelidad en su ministerio hasta la muerte. R.Señor, te pido que la visita de nuestra Madre regale a nuestra comunidad la paz, el amor y la fraternidad; que sepamos comprendernos y amarnos. R.

El ministro invita o hace algunas peticiones

M. Escucha, Padre, nuestra oración. Haznos cada vez más fieles a tu amor, siguiendo el camino que nos muestra María, nuestra madre, y que nos lleve a su Hijo Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

T. Amén.

Padre Nuestro

El ministro hace alguna acción de gracias y termina con la oración del Padre Nuestro.

Porque en María, Dios ha hecho grandes cosas en el mundo y ha dado pruebas de infinita misericordia. Con alegría y humildad nos dirigimos a nuestro Padre con la oración de los hijos de Dios:

Padre nuestro... 




Saludo de la paz (como signo de comunión misionera).

El ministro invita, si lo ve conveniente, a expresar el saludo de la paz con estas palabras u otras semejantes:

M. La Palabra de Dios lleva a la unidad. Nuestra comunidad debe ser signo de la acogida de la Palabra de Dios como lo hizo María. En este mismo espíritu démonos fraternalmente el saludo de la paz.

Los fieles intercambian el saludo de paz.

Canto

"Hoy Chile te saluda"

El ministro recuerda que Chile quiere ser una "mesa para todos" y como signo de comunión nos unimos al saludo hecho oración de nuestra Iglesia misionera.

Padre bueno, te doy gracias por todo lo que me concedes cada día. Gracias por nuestra madre, la Virgen María, bajo la advocación de nuestra señora del Carmen. A través de ella te presento a nuestra Iglesia diocesana, y cada una de las parroquias y comunidades cristianas. A ti, Virgen María del Carmen, te presento la vida, y el ministerio de todos nosotros los sacerdotes, los consagrados en la vida religiosa y todos nosotros consagrados por el bautismo.

Madre del Salvador, te presento a la comunidad parroquial del Sagrado Corazón, junto a cada una de sus comunidades, por cada uno de los agentes pastorales de la comunidad, por los enfermos, por las familias que enfrentan dificultades, por todas las personas que dedican su vida al anuncio del Evangelio. Madre del Señor, reina y madre de nuestra patria, da tu bendición a toda nuestra patria, a cada una de las comunidades, a la parroquia que nos acoge, a todos los agentes pastorales, por tu intercesión llega a nosotros la gracia del espíritu santo. Amén. (P. Cristian M. Cárdenas Aguilar. Osorno, 18 de mayo de 2010).

Oración final del mes

¡Oh María, Madre de Jesús, nuestro Salvador y nuestra buena Madre! Nosotros venimos a
ofrecerte, con estos obsequios que colocamos a tus pies, nuestros corazones deseosos de
serte agradable, y a solicitar de tu bondad un nuevo ardor en tu santo servicio.

Dígnate a presentarnos a tu Divino Hijo, que en vista de sus méritos y a nombre de su
Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud. Que haga lucir con nuevo
esplendor la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error. Que vuelvan hacia Él, y cambien tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará su corazón y el tuyo. Que convierta a los enemigos de su Iglesia y que en fin, encienda por todas partes el fuego de su ardiente caridad, que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y dé esperanzas para el porvenir. Amén. 

Bendición final o envío misionero

Un ministro laico:

M. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

T. Amén.

Hermanos y hermanas, que la Virgen María nuestra Madre nos acompañe a lo largo del camino. Ella como la fiel discípula del Señor nos ayude a recibir la Palabra y a guardarla en nuestro corazón. Que nos muestre a Jesús, el fruto bendito de su amor. ¡Vayamos en la paz de Cristo!

T. ¡Demos gracias a Dios!

Canto final