Misa por la paz en Tierra Santa, y en memoria del Presidente de la Autoridad Nacional de Palestina Yasser Arafat (Q.E.P.D.)
  Descargar Archivo (PDF)

Misa por la paz en Tierra Santa, y en memoria del Presidente de la Autoridad Nacional de Palestina Yasser Arafat (Q.E.P.D.)

Catedral de la Arquidiócesis de Santiago de Chile, 4 de diciembre de 2004

Fecha: Sábado 04 de Diciembre de 2004
Pais: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa


1 lectura: Isaías 11,1-10.
Salmo Responsorial 85 (84):
Evangelio según las Lucas 2, 8-20.

La comunidad radicada en Chile de descendientes de palestinos, me ha solicitado, a través de la Fundación Palestina Belén 2000, celebrar una eucaristía en la Catedral Metropolitana de Santiago por el pueblo palestino, por la paz en el Medio Oriente y por el eterno descanso del Presidente de la Autoridad Palestina Yasser Arafat, recientemente fallecido en París.

En este contexto de oración saludo de modo especial al Sr. Nuncio Apostólico en Chile, Mons. Aldo Cavalli, al Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa, Mons. Sergio Abad, a todos los ministros de confesiones religiosas que nos acompañan, al Sr. Embajador de la Autoridad Nacional Palestina en Chile, Sr. Sabri Ateyeh, al Presidente de la Fundación Palestina Belén 2000, Sr. José Said, y a todos los presentes que han querido congregarse en este lugar para orar por el Pueblo Palestino y por su futuro, y poner en las manos de Dios, rico en misericordia, a quien fuera “un líder de gran carisma, que amó a su pueblo e intentó guiarlo hacia la independencia nacional” (cf. Comunicado de Prensa de la Santa Sede, 11 nov 2004).

Como Arzobispo de Santiago me siento muy cercano a la numerosa comunidad palestina radicada en Chile, presente con su identidad y costumbres a lo largo y a lo ancho del país. Su contribución al desarrollo de nuestra patria en los más diversos ámbitos de la vida nacional es ampliamente reconocida y valorada. Es motivo de cercanía espiritual la fe cristiana que profesa la gran mayoría de sus miembros, que emigraron a estas tierras lejanas debido a la difícil situación política, social y económica existente en la zona a principios del siglo XX, buscando un lugar seguro donde fundar una familia, educar a sus hijos, profesar su fe y trabajar.

Al celebrar esta solemne eucaristía por el pueblo palestino y por quien fuera su líder por varias décadas, no puedo sino volver la mirada a Tierra Santa, a Belén, donde se anunció una gran alegría para todos los habitantes del planeta: “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2, 11). Esta buena noticia trae como primer fruto el don de la paz a todos los hombres de buena voluntad, y se convierte en fuente de oración, de júbilo y de gozo para todos quienes escuchen este anuncio a lo largo y ancho del planeta (Lc. 2, 10-14).

También en este templo nuestros pensamientos se detienen en Jerusalén, donde se encuentra la Madre de todas nuestras iglesias, la Basílica del Santo Sepulcro, lugar santificado por los misterios de la redención, que nos colmaron de dones por pura misericordia de Dios en la persona de Jesucristo. Lugar en que Cristo selló la alianza de paz, porque nos amó hasta el extremo de dar su vida por nosotros.

El regalo de la paz que se proclamara a unos humildes pastores por primera vez junto a la pobreza del establo de Belén, y que se nos otorgara desde la cruz en Jerusalén, no ha perdido su vigencia. Sigue resonando con la misma fuerza 2.000 años después, tanto en Belén como en el mundo entero. Con ansias espera ser acogido en los corazones de cada uno de los habitantes del planeta, y de modo especial de quienes viven en esa tierra bendita, donde aún no se alcanza una relación pacífica y armoniosa entre los pueblos de esos lugares santos, como tampoco en otras regiones del mundo, martirizado por tantos conflictos armados.

Múltiples son las causas que han dificultado el camino de la paz. Sin embargo, a pesar de todas estas dificultades, para lograrla no podemos darnos por vencidos. Al contrario, este anhelo de paz que Dios puso en el alma de quienes habitan en Tierra Santa y en el mundo, nos debe impulsar a esfuerzos mayores, y sobre todo a convencernos que sólo será posible si se logra la coexistencia pacífica de todos los habitantes de la región y la posibilidad de profesar su propia religión como testimonio de la fe en el mismo Dios, que es fuente de unidad, de armonía y de concordia, y no de divisiones y enemistades.

Acojamos las palabras del profeta Isaías, que nos promete con la venida del Señor un espíritu de ciencia y discernimiento, de consejo y de valor, de piedad y de temor de Dios, que permitirá un nuevo modo de relaciones humanas fundadas en primer lugar en el amor a Dios y a los hombres (cf. Is. 11,1-10). Es éste el Espíritu Santo que Dios prometió a quienes recibieran el don de la alianza nueva y eterna. Es Él quien arranca de nuestro pecho el corazón de piedra, para poner en su lugar un corazón de carne, vivificado por sus dones, capaz de acoger y gustar el amor de Dios, como también de latir con compasión por el prójimo necesitado (ver Ez 36, 26s).

Vibrar con la causa de los pobres, de los afligidos y los necesitados, nos ayuda a constatar que no sólo los individuos sino también muchos pueblos quieren ser respetados y apreciados, como asimismo gozar del espacio de reconocimiento y autonomía que les permita desarrollar una vida digna y próspera. A esta causa, en favor de su propio pueblo, se consagró el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, recientemente fallecido, por cuyo eterno descanso pedimos en esta Eucaristía.

No ha sido fácil la tarea de establecer en Medio Oriente dos Estados “independientes y soberanos”, como lo expresa el Santo Padre en su telegrama de pésame, una Tierra Santa en la cual brille la estrella de la armonía, “para que los dos pueblos que allí moran puedan vivir reconciliados entre sí”.

Por eso las palabras del Señor: “Ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn. 16,33) y el poder del Espíritu Santo nos infunden la fuerza y la perseverancia necesarias para no abdicar en la tarea de construir un futuro que nos lleve, lo antes posible, a la paz.

La Santa Sede siempre ha estado preocupada por la situación en el Medio Oriente y no ha cesado de trabajar por la paz entre los pueblos palestinos y judíos a los que une la fe en un mismo Dios, justo y misericordioso.

Esta labor la ha realizado de manera ininterrumpida. Lo ha hecho apelando a principios de orden moral exigidos por la dignidad del ser humano, al derecho internacional, y a la buena voluntad de las partes en conflicto. Todo el actuar de la Iglesia Católica se ha inspirado y se sigue inspirando en el profundo convencimiento de que es posible una sociedad fraterna y de mutua cooperación entre ambos pueblos.

Son múltiples los escritos, discursos, oraciones e intervenciones de los pontífices que abogan incansablemente por la resolución pacífica de este conflicto en el contexto de la verdad y la justicia. Esta exigencia brota de la dignidad del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, de los derechos de los pueblos, y de la relevancia de los lugares donde se levanta el conflicto. .

A modo de ejemplo cabe recordar el primer encuentro de Su Santidad Juan Pablo II, el 15 de septiembre de 1982, en una audiencia que le concediera al lider palestino, Yasser Arafat. Expresó la esperanza de que una solución justa y duradera del conflicto en Medio Oriente se encuentre lo antes posible; una solución que, excluyendo el recurso a las armas y a toda forma de violencia, conduzca al reconocimiento del derecho de todos los pueblos, y en particular del pueblo palestino, a poseer como derecho natural una tierra propia, y a la del pueblo israelita a garantizar su propia seguridad.

El año 1995, Juan Pablo II dirigió unas palabras al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede en relación al Medio Oriente de gran contenido humano. Postulaba la necesidad de que hombres valientes acepten mirarse y escucharse, que sean capaces de encontrar instrumentos apropiados para construir sociedades donde cada persona sea indispensable a los demás, y donde la diversidad sea reconocida ante todo como una riqueza. En dicho discurso insistió en que la paz se escribe con la inteligencia y con el corazón. Es lo que imploramos en esta Eucaristía.

En este tiempo de Adviento, recordamos la larga espera que precedió al nacimiento de Cristo en Belén. En él queremos encontrarnos profundamente con Jesús. También en estas semanas celebramos en todo el país el mes de la Santísima Virgen María, la madre de Jesús y Reina de la paz. Es un tiempo propicio para renovar nuestro empeño, de modo que la paz reine en el corazón de cada uno de nosotros, ciertos de que la paz en el Medio Oriente sólo será posible si con paz en el corazón todos los habitantes de esa tierra, y también nosotros, optamos día a día por el respeto, la admiración, la gratitud, la esperanza, la oración y el amor; si optamos por Jesucristo, Príncipe de las paz.

Amén.

† Monseñor Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago
Buscador
 


Destacados

2023  -  2020  -  2019  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  1999  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1993  -  1992  -  1990  -  1989  -  1988  -  1987  -  1986  -  1985  -  1984  -  1983  -  1982  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1975  -  1974  -  1973  -  1972  -  1971  -  1970  -  1961  -  1959

2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2015  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  1997  -  1994  -  1993  -  1992  -  1981  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1973  -  1968  -  1966  -  1964  -  1962  -  1961  -  1959  -  1958  -  1957  -  1956  -  1953

2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2000  -  1999  -  1998  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1993  -  1992  -  1991  -  1985  -  1981  -  1978  -  1977  -  1976  -  1975  -  1974  -  1973

2023  -  2022  -  2021  -  2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  2000  -  1999  -  1998  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1993  -  1992  -  1991  -  1990  -  1989  -  1988  -  1987  -  1986  -  1985  -  1984  -  1983  -  1982  -  1981  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1976  -  1975  -  1974  -  1973  -  1972  -  1971  -  1970  -  1969  -  1968  -  1967  -  1964  -  1961  -  1960  -  1959  -  1957  -  1952

2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  1989  -  1988  -  1970

2023  -  2022  -  2021  -  2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  2000  -  1999  -  1998  -  1988  -  1985  -  1981  -  1978

2023  -  2022  -  2021  -  2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  1999  -  1998  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1992  -  1990  -  1989  -  1988  -  1987  -  1986  -  1985  -  1983  -  1982  -  1981  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1976  -  1975  -  1974  -  1973  -  1972  -  1971  -  1970  -  1957  -  1952

2023  -  2014  -  2008  -  2007  -  2006  -  2002  -  1987  -  1985  -  1981  -  1978  -  1976  -  1975  -  1973  -  1971  -  1970  -  1969  -  1968

2022  -  2018  -  2016  -  2014  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2000  -  1996  -  1995  -  1991  -  1977  -  1974  -  1973  -  1967  -  1955

2019  -  2018  -  2017  -  2015  -  2014  -  2013  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  1999  -  1998  -  1995  -  1994  -  1992  -  1987