Mensaje de Pascua de Resurrección
  Descargar Archivo (PDF)

Mensaje de Pascua de Resurrección

Fecha: Sábado 03 de Abril de 2010
Pais: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Mons. Francisco Javier Errázuriz Ossa

Algunos signos impresionantes acompañaron la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz. Nos interpelan con fuerza en estos días. Entre ellos, la oscuridad que cayó sobre toda la tierra (Mc. 15 33), precisamente al mediodía, a la hora del mayor esplendor del sol, que ese Viernes Santo se transformó en media noche. Al parecer, la Luz de las Naciones se extinguía. Otro de los signos fue un fuerte terremoto, con el cual las rocas se partieron y el velo del Templo se rasgó (Mt 27, 51 y 54). Era la Roca viva la que, al parecer, se partía. El centurión y quienes hacían guardia con él se llenaron de miedo y exclamaron: “Verdaderamente éste era el Hijo de Dios” (v. 54).

El Hijo de Dios hecho hombre acababa de morir, sufriendo las consecuencias de haber asumido plenamente la condición humana, y de no haber exigido un trato conforme a su dignidad divina, después de haberse hecho semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Sufrió un rechazo total por presentarse como la Verdad y el Camino, y pasar por el mundo haciendo el bien. Fue el rechazo de la estrechez humana, que se negaba a creer que Dios, el Señor santo, fuerte y bondadoso, pudiera venir a este mundo en la debilidad y la pobreza, y querer la salvación de todos en su infinita misericordia. Murió entregando voluntariamente la vida, pero víctima de la injusticia y la impiedad de quienes lo condenaron, de quienes ejecutaron la sentencia y, en último término, de nuestros propios pecados.

El terremoto a las tres de la tarde en el Calvario, ese estremecimiento de la tierra, fue expresión del dolor y la solidaridad de la creación entera. Moría el primogénito de toda creatura, el hijo de María en el tiempo y de Dios en la eternidad. Moría el mejor hijo de la humanidad, el que había venido a abrirnos las puertas de la vida, la libertad y el amor. Se estremeció de dolor la tierra cuando se derrumbó la humanidad de Jesús.

Su tremendo dolor y el temblor de la tierra nos evocan en estos días el sufrimiento de tantos chilenos; sobre todo, de los que vieron el derrumbe de sus casas, la pérdida de la vida de personas muy queridas, y el colapso de incontables esperanzas y seguridades humanas. Muchos, al constatar tanta angustia, destrucción y desvalimiento, se preguntaron: ¿Y dónde estaba Dios?

La pregunta lacerante tuvo mayor validez que nunca ese Viernes Santo. ¿Dónde estaba Dios mientras Jesús moría? La respuesta es impactante. Nuestro Dios estaba ahí, clavado en el madero de la cruz, muriendo por nosotros; estaba ahí, perdonando nuestras culpas; estaba ahí, en la cruz, escribiendo con su sangre y con su silencio que nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Impresionante verdad: en el silencio de la oscuridad, Dios estaba sellando la Nueva Alianza con su sangre. Dios daba su vida humana para que tuviéramos vida divina, confianza en Él e ilimitada paz, a fin de que un día lleguemos al país de la vida plena y la verdadera felicidad. Dios daba su vida para que lográramos responder a las desgracias y los golpes de esta vida con la confianza de apoyarnos en Él y de saber que en esta vida todo, absolutamente todo, contribuye al bien de los que lo aman y son amados por Él.

Lo hemos experimentado con mucha conmoción interior. El golpe de la naturaleza le restó importancia a lo pasajero y consistencia a nuestras seguridades terrenas, y mostró el valor inconmensurable de lo que más apreciamos: la vida, la fe, la amistad, los lazos familiares, el servicio generoso, la solidaridad sincera. El Viernes Santo Dios estaba, pero muriendo como el grano de trigo, el germen de vida más fecundo en sorprendentes frutos. Maduran hasta nuestros días entre nosotros.

Son frutos de vida que se multiplican en virtud de la muerte y resurrección de Cristo, acontecimiento que hoy celebramos. Es la victoria del Señor, el triunfo sobre la muerte y el pecado de Aquel que es la Vida, la victoria del amor sobre el egoísmo y el odio, de la felicidad sobre la desgracia. Cuando seguimos el camino del Señor, participamos de su victoria sobre el mal.

El relato de san Mateo -ahora reparamos en ello, gracias a los recientes sucesos- nos recuerda un segundo terremoto. Nos dice así: “De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. (…) Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos”. El Ángel les dijo a las mujeres que no tuvieran temor, ya que Jesús, el Crucificado, había resucitado y pronto lo verían. “Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos”.

La tierra, los guardias y aun las mujeres temblaron. Estaba ocurriendo el acontecimiento más extraordinario, que remecería a la humanidad y a cada uno de nosotros hasta el final de los tiempos. La piedra que sellaba la muerte de Aquel que es la Vida, no tenía firmeza; no era capaz de contener y encerrar la vida. Por acción de Dios, rodó y fue desplazada. No logró sellar y retener la muerte. Por el poder y la bondad de Dios, tuvo que dejarle el paso abierto a la Vida.

Las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro. No era ése el lugar apropiado para los que creen en la Resurrección de Cristo y en la nuestra. No podemos permanecer junto al sepulcro vacío de Cristo; tampoco en la profunda tristeza de lo que se derrumba y deja de existir. Hasta esa enorme pena quiere llegar la luz y la fuerza de la Resurrección del Señor, de la victoria sobre la muerte. Así lo han comprendido quienes recogen recuerdos, apartan escombros, se acercan como familia a una fogata y a una pequeña mesa común, y a orar unidos con gratitud. Así lo han entendido quienes levantan paredes y techos, calafatean botes de pesca y los proveen de motores, quienes son portadores de solidaridad, de alimentos y de medicina, llevando palabras y acciones de esperanza. Así lo viven los niños que vuelven a jugar y recomienzan sus clases, como también los que se esfuerzan con mucho corazón para que les llegue el agua y la luz, asimismo quienes reparan maquinarias para que vuelvan a producir y los trabajadores puedan conservar sus empleos.

Sin lugar a dudas, son millones los chilenos que hemos experimentado un fuerte remezón, un terremoto interior, una fuerza y un despertar del alma, una sensibilidad que estaba apagada, una voluntad de ayudar y reconstruir, de las cuales ya no teníamos conciencia, pero que manifiestan nuestra verdadera realidad, la más honda: nuestra calidad humana y cristiana. Cuando peregrinamos a los santuarios de la Virgen María, lo hacemos con la nostalgia de realizar nuestra vocación humana y cristiana en su plenitud, como ocurrió en Ella, la madre de Jesús. Este despertar muestra que el Señor nos invita a responder al terremoto de la muerte, con la conversión de la vida y la resurrección, colaborando con las gracias del Resucitado que nos con-mueven, inclinándonos hacia lo que es bueno, verdadero, hermoso y fraterno, hacia los bienes de lo alto que el Señor nos conquistó.

Por eso, junto al indecible dolor y a las consecuencias del terremoto y del maremoto, agradezcámosle a Dios por la primavera que estamos viviendo, cuyas raíces provienen del mismo Creador, que al traernos a este mundo vio que su obra era “muy buena” (Gn 1,31). Esta primavera también es un fruto de la Resurrección de Cristo, una re-creación de Dios, una nueva y poderosa intervención suya por su gran bondad. Ella provoca esta conversión, nos aparta del mal que podemos hacer, busca el rostro amigo del Dios de la Alianza, y hace despertar lo mejor de nosotros: el amor gratuito, la búsqueda de la verdad, la acción solidaria y la vida conforme al Evangelio del Señor Jesús, que vive, después de vencer al pecado y a la muerte. La voz del Ángel resuena también en nuestros corazones: alejémonos corriendo de la tumba de Jesús para anunciar la Buena Noticia de su resurrección, e ir a su encuentro, porque vive.

Cordialmente les deseo que esta Pascua de Resurrección los colme de la paz y los dones de Jesús Resucitado.

† Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago
Buscador
 


Destacados

2023  -  2020  -  2019  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  1999  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1993  -  1992  -  1990  -  1989  -  1988  -  1987  -  1986  -  1985  -  1984  -  1983  -  1982  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1975  -  1974  -  1973  -  1972  -  1971  -  1970  -  1961  -  1959

2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2015  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  1997  -  1994  -  1993  -  1992  -  1981  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1973  -  1968  -  1966  -  1964  -  1962  -  1961  -  1959  -  1958  -  1957  -  1956  -  1953

2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2000  -  1999  -  1998  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1993  -  1992  -  1991  -  1985  -  1981  -  1978  -  1977  -  1976  -  1975  -  1974  -  1973

2023  -  2022  -  2021  -  2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  2000  -  1999  -  1998  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1993  -  1992  -  1991  -  1990  -  1989  -  1988  -  1987  -  1986  -  1985  -  1984  -  1983  -  1982  -  1981  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1976  -  1975  -  1974  -  1973  -  1972  -  1971  -  1970  -  1969  -  1968  -  1967  -  1964  -  1961  -  1960  -  1959  -  1957  -  1952

2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  1989  -  1988  -  1970

2023  -  2022  -  2021  -  2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  2000  -  1999  -  1998  -  1988  -  1985  -  1981  -  1978

2023  -  2022  -  2021  -  2020  -  2019  -  2018  -  2017  -  2016  -  2015  -  2014  -  2013  -  2012  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2002  -  2001  -  1999  -  1998  -  1997  -  1996  -  1995  -  1994  -  1992  -  1990  -  1989  -  1988  -  1987  -  1986  -  1985  -  1983  -  1982  -  1981  -  1980  -  1979  -  1978  -  1977  -  1976  -  1975  -  1974  -  1973  -  1972  -  1971  -  1970  -  1957  -  1952

2023  -  2014  -  2008  -  2007  -  2006  -  2002  -  1987  -  1985  -  1981  -  1978  -  1976  -  1975  -  1973  -  1971  -  1970  -  1969  -  1968

2022  -  2018  -  2016  -  2014  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  2000  -  1996  -  1995  -  1991  -  1977  -  1974  -  1973  -  1967  -  1955

2019  -  2018  -  2017  -  2015  -  2014  -  2013  -  2011  -  2010  -  2009  -  2008  -  2007  -  2006  -  2005  -  2004  -  2003  -  1999  -  1998  -  1995  -  1994  -  1992  -  1987