1) Nos congregamos para dar gracias a Dios por Chile y todos sus habitantes con ocasión del Día Nacional de nuestra Patria.
Convocados en la presencia del Señor hemos escuchado su Palabra, que para nosotros es palabra actual, viva y eficaz. Acogida con amor ilumina nuestro caminar, nos fortalece en nuestras debilidades y quebrantos,
y nos anima en el diario quehacer por unirnos en la construcción de un mundo mejor y una Nación de hermanos y hermanas.
Precisamente el anhelo principal en esta Celebración, además de expresar nuestra viva gratitud al Padre Dios, es suplicar la fortaleza para jugarnos por un mundo más humano y más justo.
2) Las lecturas de la Santa Escritura que hemos escuchado nos dan la clave para entender la vida y nuestro quehacer. Nos muestran al Señor como el Buen Pastor, atento y preocupado de las ovejas, de todas, pero especialmente de las más débiles y de las extraviadas. Esta hermosa imagen bíblica nos anima y consuela. Nos muestra la figura del Dios cercano y compasivo que se manifiesta en Jesús: lento a la ira, rico en piedad y misericordia con todos, siempre dispuesto a comprendernos, acogernos y perdonarnos. Y que nos vuelve a confiar la bella tarea de construir una Nación de hermanos y hermanas donde todos tengamos pan, respeto y alegría. Donde todos trabajemos por construir la verdadera paz, que es la que se funda en la verdad, la justicia, el amor, la libertad y el perdón.
3) Ciertamente el acontecimiento más impactante que nos ha tocado vivir este año fue el gran incendio de los días 12 y 13 de abril. El balance fue desolador. Pero la respuesta de la ciudadanía, de las instituciones, de los voluntariados y de las autoridades de Valparaíso, de todo Chile y del extranjero fue conmovedora. Hubo miles de damnificados pero también miles de voluntarios y donantes. En los primeros días todos se volcaron a ayudar con gran esfuerzo y alegría. Obviamente que la situación cambió una vez que la región y el país tomaron el necesario ritmo habitual de trabajo y estudio. Pero muchos son los que han seguido colaborando silenciosa y abnegadamente en sus momentos libres. Muchos son los que han seguido compartiendo lo más valioso que una persona tiene: su tiempo y su cariño. Muchos, en forma organizada y en coordinación con las autoridades respectivas. Y han descubierto nuevos amigos y amigas, se ha humanizado más su visión de la vida y se ha enriquecido su escala de valores. ¿Cómo no dar muchas gracias a Dios por todo esto?
4) Este incendio sacó dolorosamente a luz la inmensa pobreza que se vive en este querido Valparaíso. La situación infra humana en que viven tantos niños, y viven y mueren tantos ancianos, particularmente en algunos de nuestros cerros y quebradas. La movilización solidaria ha sido, como ya dijimos, impresionante, pero no basta ni alcanza. Son necesarias políticas de Estado que nos ayuden a superar la “pobreza dura” que viven miles de hermanos y hermanas. Hemos conocido en estos días la decisión del Gobierno de destinar cuantiosos recursos a la reconstrucción de Valparaíso. Los agradecemos y esperamos. Y oramos por las autoridades responsables para que el Señor las ilumine y fortalezca en este inmenso servicio en favor de los más pobres y marginados.
5) Queremos, en verdad, jugarnos por una vida hermosa, digna y de calidad para todos, desde el momento mismo de la concepción hasta el fin natural de la existencia. Agradecemos de corazón a nuestras mamás y a todas las mamás que han aceptado el don de la vida, aún en medio de sufrimientos y pobrezas. Agradecemos a las personas, autoridades e instituciones que las han ayudado y ayudan en estos momentos tan importantes para la vida de la madre y del hijo. Y expresamos nuestro más absoluto rechazo a todo tipo de aborto directamente procurado. Todo aborto directamente procurado “es una herida en el alma de Chile”, afirma nuestra Iglesia.
Y hablando de este importante asunto, no podemos dejar de expresar el dolor por la notoria disminución de la maternidad en nuestra patria, hasta haber llegado al punto en que ni siquiera se está conservando la proporción de nacimientos como para mantener el número de chilenos en el país. Es triste y delicado. Debemos meditarlo y tomar conciencia de su gravedad. Debemos comprometernos todos en la promoción y defensa de la vida, en el apoyo y cuidado a las mamás, en el cuidado y cariño a nuestros niños, en la promoción de políticas públicas que promuevan la vida y los nacimientos, y apoyen a los papás y mamás en el cuidado, salud y educación de sus hijos.
6) Pero simultáneamente hay una realidad muy hermosa.
Muchos de nosotros somos hijos o nietos de inmigrantes que tuvieron que dejar dolorosamente su patria, en la inmensa mayoría de los casos por pobreza, pero también por motivos políticos, y salir a buscar dónde poder vivir con dignidad. Así llegaron a Valparaíso, se integraron a esta comunidad que los acogió, se beneficiaron con los valores de nuestra cultura y con su aporte enriquecieron la vida espiritual, social y económica de nuestra patria. La inmensa mayoría de esos inmigrantes murieron en Chile y nosotros, sus descendientes, nos sentimos plena y orgullosamente chilenos.
Hoy estamos viviendo un fenómeno similar. Tan sólo ayer un importante medio local de comunicación hacía una “Radiografía a los inmigrantes que llegaron para quedarse”. E informa que más de 17 mil extranjeros han pedido visa de distinto tipo en la zona en los últimos cuatro años y que, según estimaciones, llegarían a 25 mil en una década. Ésta es una realidad muy valiosa, es una buena noticia, y tenemos que agradecer a estos hermanos y hermanas que hayan querido venirse a vivir con nosotros. Agradecer, también, la preocupación que por ellos tienen los representantes consulares de sus países de procedencia; la preocupación de las autoridades atentas al tema, como también la cercanía hacia ellos de las Pastorales de Migrantes de nuestras Iglesias y de tantas personas, instituciones, familias y voluntariados.
7) Pero hablando de la belleza e importancia de la vida de calidad para todos, queremos decir una palabra de cariño y gratitud a nuestros adultos mayores. Ellos nos han precedido y nos han legado la Patria que tenemos. Muchos viven en muy precaria situación y reciben jubilaciones, montepíos y pensiones mínimas. Indignas en algunos casos. A pesar de ello me asombra y conmueve la alegría que se manifiesta en los Clubes de Adultos Mayores, la inventiva de muchos de sus dirigentes para trabajar en favor de sus asociados, el cariño y gratitud con que reciben a quienes se acercan a ellos, la presencia que tienen en la Comunidad. Agradezco vivamente a las autoridades responsables de la atención de los adultos mayores, especialmente en el tema tan importante de la salud. Agradezco, también, a las Instituciones de nuestra Iglesia y de las demás Iglesias y confesiones religiosas por el cariño y el trabajo con “nuestros abuelitos”. Pero manifiestamente estamos en deuda con ellos. Nos falta mucho, muchísimo, para cumplir con nuestro propósito “de procurar una vida de respeto y calidad para todos desde el primer momento de la concepción hasta el fin natural de la existencia”. Y al afirmar esto debo decir que he visto con horror que se esté planteando en algunos sectores de nuestra sociedad la posibilidad de acoger en nuestra legislación la eutanasia como fin de la vida de un ser humano, creado “a imagen y semejanza de Dios”.
8) Uno de los temas principales que en este momento interesan a la Comunidad Nacional es el de la Educación y muy particularmente el de la calidad de la Enseñanza.
La Iglesia Católica da gracias a Dios por todo lo que ha podido hacer desde los comienzos mismos de la vida nacional, ya en tiempos de la Colonia, por la educación chilena en todos sus ámbitos y niveles.
Está también colaborando activamente con aportes para la redacción de algunos proyectos de ley de esta Reforma Educacional. Y se alegra y agradece el interés de sumarse a este empeño manifestado ayer por iglesias hermanas en el Te Deum Nacional Evangélico.
“Nuestra actitud como Iglesia -nos dice Monseñor Héctor Vargas, Obispo Presidente del Área de Educación de la Conferencia Episcopal de Chile- ha sido fundamentalmente de apoyo y expectativa. Apoyo que se basa en el anhelo de un mejor sistema educacional para todas y todos los chilenos en los colegios públicos y particulares, laicos y confesionales”.
Pensamos, continúa Monseñor Vargas, “que habría sido muy importante haber dado unos pasos preliminares. Entre ellos, la instalación de un gran diálogo y debate democrático acerca de los valores que constituyen la identidad cultural que caracteriza el alma nacional; discernir juntos el país que anhelamos construir entre todos, la realidad y necesidades de nuestros niños y jóvenes, las esperanzas de la sociedad para un desarrollo en equidad y a escala humana y finalmente……….el tipo de educación de calidad que el país requiere”.
No fue así por las razones que conocemos. Pero, continúa Monseñor Vargas, “sin perjuicio de lo anterior nos hemos comprometido seriamente con los desafíos del mencionado Proyecto. Sus objetivos que compartimos, van en la línea de un avance significativo de la opción por los pobres, de la equidad, y en el desafío de contrarrestar la segregación desde la base, favoreciendo mayores grados de inclusión y segregación social”.
“Como es de dominio público -continúa el obispo- a la hora de conocer la forma en que se pensaba lograr los objetivos propuestos, tuvimos observaciones respecto del Proyecto de Ley que, en forma responsable y respetuosa, hemos hecho presentes en las instancias pertinentes”. (“Acerca de las indicaciones al Proyecto de Reforma Educacional”, Declaración del Área de Educación de la CECH acerca de la Reforma Educacional, 11 de septiembre de 2014 Cf. www.iglesia.cl ).
Ante tamaña tarea, cuyos resultados van a ser muy gravitantes en la vida de todos los chilenos y chilenas, además de estar atentos al tema y colaborar en la medida de nuestras posibilidades, nos corresponde, como hombres y mujeres de Fe, suplicar al Señor nuestro Dios que infunda el Espíritu de Sabiduría sobre todos los responsables de esta importante tarea. Y también agradecer a todos cuantos están trabajando, silenciosa pero muy eficientemente, por dar a conocer a las autoridades los planteamientos de la Iglesia sobre este tema tan fundamental.
9) Queridas hermanas y queridos hermanos: muchos otros temas importantes hay en nuestra vida nacional que debiéramos abordar. Debemos, sin embargo, atenernos al tiempo considerado para la Homilía.
Agradezco de corazón la participación de todos ustedes en esta solemne celebración de oración. Y les invito a continuar elevando nuestros corazones en plegaria común. Imploramos, como siempre, la gloriosa intercesión de la Virgen Santísima, Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile.
¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén!
+ Gonzalo Duarte G., ss.cc.
Obispo de Valparaíso