La Iglesia y la experiencia chilena hacia el socialismo
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La Iglesia y la experiencia chilena hacia el socialismo

Fecha: Martes 01 de Enero de 1974
Referencia: 241/74
Pais: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: CECH

En 1970 comienza en Chile el gobierno llamado de la Unidad Popular y con él, la experiencia chilena de tránsito hacia el Socialismo.

Estos dos nombres son muy hábilmente escogidos tanto para su imagen interna como, y muy especialmente, para la opinión pública mundial, que lo sigue con gran interés.

Al hablar de Unidad Popular y no de gobierno marxista se pretende ampliar las bases de apoyo hacia todos los sectores de izquierda democráticos con la confianza de mantener, sin embargo, la hegemonía marxista en los lugares claves.

Cuando se habla de tránsito hacia el Socialismo se presenta a éste como una utopía alcanzable a largo plazo que permite justificar los errores del camino e incluso achacarlos a los obstáculos creados por la “legalidad burguesa”.

Los fines y los métodos del marxismo chileno no tienen nada de original: copian casi literalmente las consignas probadas y repetidas en muchas partes del mundo. ¿Por qué entonces se habla de una experiencia inédita y llama la atención en todo el mundo?

Aparte del factor propaganda hay una realidad que se le impone. La tradición democrática chilena hace imposible la toma del poder por un grupo minoritario y rechaza la violencia de las guerrillas. Rusia está demasiado lejos para un apoyo logístico o armado. Tampoco tiene recursos para financiar por largo tiempo otra Cuba. Chile interesa, más que por sí mismo, como una experiencia piloto para América Latina y para presionar y alentar el romanticismo marxista de países como Francia, Italia, Holanda, Bélgica, etc.

Los países de centro Europa parecen estar cansados de la guerra fría y de las tensiones entre Rusia y los Estados Unidos, donde no pueden participar de una manera relevante. Buscan romper esa polaridad, más que con una tercera fuerza, con un diálogo que atenúe las aristas inconciliables del Capitalismo y del Comunismo. El diálogo marxismo-cristianismo es una iniciativa interesante, pero necesita experimentarse en alguna parte del mundo. Nada más apropiado que América Latina donde hay un cristianismo secular y el Marxismo es acogido por la juventud como la gran esperanza para superar la dependencia económica. Chile es aclamado como el país democrático ideal para hacer esta experiencia. Los menos entusiasmados parecen ser, sin embargo, los propios chilenos.

La llamada “vía electoral” es un camino más lento para alcanzar el poder, pero que tiene una gran atracción mundial y es el único camino posible en Chile. Así lo entiende el Partido Comunista que mira más lejos que el Partido Socialista.

Y la oportunidad se presentó sola. Divididas las otras fuerzas políticas entre la Derecha y la Democracia Cristiana, el marxismo con el lema de la Unidad Popular consigue la primera mayoría relativa con el 36% de los votos.

Este 36%, aunque no constituye mayoría, representa, sin embargo, a un sector importante del país. Junto a los dos partidos marxistas: el socialista y el comunista, hay grupos cristianos y laicos (masones), pequeños pero significativos, que aportan un pensamiento democrático y humanista, muy interesante en cuanto pueden contribuir a suavizar el marxismo y a obligado a abrirse a nuevas perspectivas.

Además, es indiscutible que el mundo obrero organizado y la mitad de los campesinos han puesto su confianza en la Unidad Popular. Representan a un sector de chilenos largo tiempo postergados que tiene ahora, por fin, la oportunidad de cambiar profundamente la estructura social del país. Muchos de ellos son marxistas por un anhelo de justicia, sin conocer bien los otros aspectos de su ateísmo totalitario. Electoral y psicológicamente el Marxismo ha obtenido un triunfo que posiblemente no esperaba tan prematuro.

Sus adversarios políticos están desconcertados. Se recriminan mutuamente, pero ya el marxismo ha conquistado el poder democráticamente. Legalmente es posible elegir la segunda mayoría relativa, pero la masa del pueblo se sentiría frustrada y se expondría al país a una guerra civil. Los demócratas cristianos prefieren darle la oportunidad de gobernar a Allende siempre que firme algunas garantías constitucionales de que mantendrá la democracia. ¿Fue un error ingenuo o era lo único posible? Se seguirá discutiendo por mucho tiempo este problema.

Para la Iglesia este hecho político tiene nuevas y graves interrogantes. En el Marxismo hay tres elementos que se entremezclan y que es muy difícil distinguir en la realidad:

l. Hay una denuncia de las injusticias del Capitalismo y un entusiasmo sincero por el proyecto histórico de una sociedad más justa y fraternal. Este es el aspecto que entusiasma a muchos cristianos y los lleva a sacrificar incluso otros valores o, al menos, a postergarlos.

2. Hay un análisis sociológico que pretende ser científico y autónomo. Pero históricamente no ha conseguido separarse de una ideología atea y de una moral política que lo justifica todo al servicio de la lucha de clases.

3. Hay finalmente un instrumento político: la máquina del partido, inteligentemente organizada para conquistar el poder.

La Iglesia encuentra al Marxismo en cuatro niveles:

a) Oficialmente, en sus relaciones con un gobierno legítimamente elegido, que reclama sus intenciones de gobernar de acuerdo con la ley, y que busca mantener relaciones cordiales.

b) En lo ideológico. Un pensamiento ateo que amenaza la fe con gran cohesión doctrinal y con medios privilegiados de propaganda oficial.

c) En lo moral, especialmente en la utilización sistemática del odio para destruir personas o instituciones.

d) En su propia vida interna, ante la fuerte penetración ideológica y el entusiasmo de muchos sacerdotes y militantes por construir un socialismo que creen humanista y un análisis social que les parece científico. El contagio de la lucha de clases les sustrae a la obediencia de la fe y amenaza muy fuertemente la unidad de la Iglesia.

La Iglesia está débil en su formación doctrinal, más débil aún en su disciplina y con gran temor de verse separada del pueblo y de la juventud. Del pueblo, por la acusación de no compartir sus esperanzas de justicia social; y de la juventud, por no querer estar presente en la Historia que se presenta irreversiblemente inclinada hacia el Socialismo. La opinión pública internacional la presiona en el mismo sentido.

Durante el primer año de su gobierno, la Unidad Popular gozará de la excelente situación económica que ha heredado del gobierno anterior y la dilapida rápidamente. Se fabrica dinero y se reparte generosamente. Los pobres tienen la alegría de poder comprar lo que tanto tiempo soñaron: televisores, refrigeradores, máquinas para el hogar, etc., y creen que ha llegado el paraíso económico. Tres ministros obreros integran el primer Gabinete; los dirigentes sindicales de izquierda se pasean por el Palacio de La Moneda y pueden llamar “compañero” al Presidente de la República. Eso les hace pensar que, aunque sea malo, este gobierno será de los trabajadores.

Hay logros populistas y hay una inmensa esperanza. ¿Puede la Iglesia oponerse a todo lo que presenta el programa del nuevo gobierno antes de darle la oportunidad de realizarlo?

Los políticos católicos también están divididos. La mayoría es contraria y desconfía de la sinceridad del Presidente. Un grupo pequeño, pero valioso intelectualmente, lo acompaña y piensa que el socialismo es irreversible y sólo se puede salvar la fe del pueblo estando presentes en su gobierno y haciendo fermentar el Marxismo hasta abrirle a los valores trascendentales.

LA ESTRATEGIA MARXISTA

La vía chilena exige respetar, al menos formalmente, la estructura democrática. ¿Cómo alcanzar el poder total sin la dictadura política?

El marxismo ha aprendido una lección del capitalismo. Se puede controlar la política con el poder económico: el dinero es omnipotente y permite manejar personas e instituciones. El primer objetivo será entonces tomar el control de la economía del país. Así vemos que el Partido Comunista puede entregar todos los ministerios menos los de Hacienda y Economía.

Se destruye el poder de los latifundistas con la Reforma Agraria; el de los empresarios, con la expropiación de las industrias, incluso medianas, y se corta el crédito con la expropiación de los Bancos.

Se usan medios lícitos o ilícitos. Para la moral marxista no existe esa diferencia. Persuasión, presiones, conflictos artificiales, se desata la inflación y se les controlan los precios para hacerles ir a la quiebra. En una palabra, se abusa del poder monopólico del Estado transformado en una empresa económica competidora que fabrica dinero, acapara el crédito y fija los precios a su antojo.

Pero el poder económico no basta. En una democracia hay elecciones y el pueblo puede cambiar a sus amos. Es indispensable llegar a ser mayoría, sumar fuerzas hasta obtener la mitad más uno para gobernar sin oposición eficaz.

La segunda prioridad del marxismo será entonces el control de las comunicaciones sociales. Los canales estatales dejan de ser pluralistas y se matriculan totalmente con el “proceso”. Los medios de comunicación particulares son respetados de palabra, porque interesa mucho la imagen hacia el exterior, pero se los estrangula económicamente. No se les concede publicidad estatal, que es la mayoritaria. Las industrias, especialmente las textiles, que eran las que mantenían las radios, son expropiadas y se acaba la publicidad para los enemigos del régimen. Tienen que recurrir a la limosna voluntaria, los bonos de cooperación, para subsistir.

Un último recurso, cuando no se consigue la mayoría absoluta, es el fraude electoral. Pero ésa es un arma de doble filo.

Las fuerzas opositoras deben ser destruidas democráticamente para respetar la imagen interna que interesa tanto. ¿Cuáles son estas principales fuerzas? Los partidos políticos, los gremios, la Iglesia y las fuerzas armadas.

Los partidos políticos se destruyen por la división interna. Algunos dirigentes pueden sucumbir a la adulación o a la presión económica. Los partidos que tienen inquietudes sociales pueden ser infiltrados. La lucha de clases puede levantar sus bases contra los dirigentes. La rebeldía juvenil y su generosidad pueden ser canalizadas con una utopía atrayente. Los que se resisten son desprestigiados como reaccionarios, anacrónicos, fascistas o traidores. Todo es lícito con tal de destruir su imagen.

Los gremios son también invitados a la lucha de clases o presionados con el poder político y económico. La publicidad los desprestigiará ante el pueblo si se resisten.

A la Iglesia no hay que tocarla “ni con el pétalo de una rosa”. Es una enseñanza de la Historia. Se guardarán con ella todas las exterioridades que impresionan a la opinión pública. Sus mitos caerán solos cuando se implante el ateísmo científico. Con mucha suavidad se le irá privando de su fuerza en la educación. Un paso precipitado como el proyecto de la ENU (Escuela Nacional Unificada) resultó fatal.

El Che Guevara descubrió la fuerza revolucionaria del ideal cristiano y cómo en América Latina era indispensable contar con él. Fidel Castro descubrió en Chile el error que había cometido al no contar con los grupos cristianos contestatarios que son una gran fuerza mística para sumar al proceso. Los dogmáticos del ateísmo habían olvidado el consejo de Lenin: es mucho más eficaz introducir la lucha de clases en la Iglesia que combatirla directamente.

Las Fuerzas Armadas son la última reserva de una democracia. Si tienen ambiciones y caudillos es fácil dividirlas y administrarlas. Si se mantienen unidas y profesionales hay que mantener a toda costa la legalidad y caminar muy lentamente hacia el Socialismo. El problema es que sólo se cuenta con seis años de gobierno. ¿Será un tiempo suficiente?

El Marxismo buscó inútilmente cómo dividir a las Fuerzas Armadas. Con el halago, las mejoras económicas, la penetración ideológica, la búsqueda de jefes más favorables, etc. Fracasaron.

Fue entonces cuando los más impacientes consideraron agotada la vía electoral y precipitaron los acontecimientos que terminaron con su propia destrucción.

LA PENETRACIÓN IDEOLÓGICA MARXISTA

El pensamiento marxista tuvo una situación privilegiada en Chile durante los tres años de gobierno de Allende. Ciertamente aprovecharon con avidez las oportunidades que les brindaba el poder.

Podemos distinguir dos planos de acción: uno para la masa y otro para los grupos multiplicadores.

l. Para la masa de la población sacaron buen partido de los medios de comunicación social. Periódicos, tabloides con grandes titulares fueron señalando las consignas. Las ediciones dominicales y algunas revistas presentaron la ideología en profundos artículos que servían de estudio a sus militantes. Radio-teatros populares y especialmente los noticiarios radiales alentaban la mística revolucionaria y montaban campañas para destruir a sus adversarios o para desviar la atención sobre los errores y problemas económicos. La T.V. fue el principal instrumento concientizador utilizando las técnicas del lenguaje total para presentar los hechos de manera de acentuar dramáticamente la lucha de clases. Los acusados eran preferentemente: el imperialismo norteamericano, las compañías transnacionales, los poderosos de la derecha y los fascistas sediciosos. Un lenguaje violento, cargado de emotividad, buscando siempre culpables y despertando la unidad del pueblo frente a solapados enemigos.

Se usó con mucha intención del folklore, importando también cantos del repertorio marxista internacional y alentando a los artistas más sensibles a los problemas sociales.

Hubo también festivales de cine comprometidos y se gastó gran cantidad de dinero en todos los medios publicitarios.

La editorial estatal “Quimantú” sacó revistas con cuantiosas pérdidas y un libro semanal de bolsillo, muy económico, que alternaba temas literarios con otros concientizadores.

Puede decirse, sin exageración, que el Marxismo no se fijó en gastos para sus publicaciones aprovechando los fondos del Estado.

2. Entre los grupos multiplicadores el Marxismo se dedicó especialmente a los universitarios, los profesores y los dirigentes obreros y campesinos.

En la Universidad se interesó especialmente por la Sociología, la Economía y la Psicología. Se crearon carreras nuevas, institutos de investigación y centros que dieran cabida a una gran cantidad de profesores extranjeros, traídos especialmente para concientizar a la juventud y estudiar desde cerca el proceso.

Los pedagógicos y las carreras de influencia social como Medicina, Enfermería, Periodismo, Servicio Social, Arte, etc. contaron son sus preferencias. También las Universidades técnicas, que acogían a los líderes obreros especializados, contaron con una atención preferente.

Para los profesores se atendió preferentemente a las Escuelas Normales y a los Cursos de Perfeccionamiento que tuvieron un gran contenido concientizador. Su dependencia del Ministerio de Educación les dejó a merced del gobierno.

Otro servicio estatal que reúne a mucha gente de influencia es el de la Salud. Fue reestructurado, controlado y concientizado sistemáticamente.

Los dirigentes obreros y campesinos tuvieron cursos especiales acelerados en las Universidades y mediante convenios con las Asociaciones sindicales afectas al régimen.

Un número importante de becados a Rusia y Cuba fueron preparados intensivamente en la ideología y táctica marxista.

RESPUESTA DE LA IGLESIA

Existe la impresión de que hizo muy poco y que posiblemente no podía hacer más.

En general, se defendió y gastó sus principales esfuerzos en conservar su identidad ante las amenazas internas.
Los grupos contestatarios, impregnados del pensamiento marxista, la mantuvieron a raya cuestionando su magisterio y con continuos ataques a su disciplina interna.

Su preocupación dominante fue el diálogo para no romper con los sacerdotes socialistas y evitar que importantes sectores obreros, campesinos y universitarios rompieran definitivamente los lazos de la fe.

No tuvo calma ni tiempo para profundizar en sus problemas y fue zarandeada por los hechos consumados y la urgencia de los desafíos inmediatos.

No pudo desarrollar sus propios planes ni sacar adelante publicaciones para la formación de los católicos como el Catecismo familiar, Oremus y otros proyectados.

Fue difícil encontrar sacerdotes que quisieran comprometerse con la Jerarquía en la pastoral nacional.

El magisterio de los Obispos era analizado desde un prisma político y acogido o rechazado si coincidía o no con la propia opción.

El documento más importante del Magisterio episcopal fue: “Evangelio, Política y Socialismos” del año 1971, que llegó a un nivel de los católicos más cultos y que, naturalmente, fue criticado por los contestatarios.

Posteriormente hubo una condenación del manifiesto de los sacerdotes que fueron a Cuba y muchas declaraciones llamando a la paz nacional.

El segundo documento que impactó a la opinión pública fue el de la Escuela Nacional Unificada, proyecto del gobierno que amenazaba la libertad y el pluralismo en la educación. Este ciertamente iluminó a los padres de familia y a los estudiantes que tenían una posición firmemente defensiva.

En su Pastoral la Iglesia continuó impulsando las Comunidades de Base mediante Cursos para dirigentes que animó con éxito el Pbro. José Marins y su equipo del CELAM.

Se atendió un poco a los dirigentes campesinos con folletos, reuniones y contacto personal, que los alentaron en la tremenda lucha que les tocó sufrir. Se evitó así que se dispersaran.

La catequesis y la liturgia avanzaron lentamente. Los santuarios y la pastoral de masas se vieron invadidos de fieles que buscaban cohesión y esperanzas. Brotaron nuevos movimientos juveniles y cursillos. El sufrimiento purificó y despertó a los cristianos.

Se puede pensar que esta prueba mostró a la Iglesia sus grandes vacíos de formación doctrinal y de atención a fondo a la formación de verdaderas personalidades en la fe.

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