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Homilía Te Deum 18 de septiembre 2020 - Melipilla

Catedral de Melipilla

Fecha: Jueves 17 de Septiembre de 2020
Pais: Chile
Ciudad: Melipilla
Autor: Mons. Cristián Contreras Villarroel

San Lucas 10, 25-37


Creyentes, chilenos y autoridades

1. Los creyentes nos reunimos semanalmente para alabar a Dios, para rendirle el homenaje que merece. En estos tiempos de pandemia mundial que tantos sufrimientos ha causado, nuestra presencia en los templos y a través de los medios de comunicación, no es impedimento para presentar al Padre Dios nuestra vida que no siempre es fácil. Traemos alegrías y también infortunios. Aciertos y errores. Por eso nuestra asamblea junto con alabar a Dios, también pide perdón.

2. Como ya es tradición, nuestra diócesis de San José de Melipilla con sus provincias, comunas, ciudades y localidades rurales quiere alabar a Dios por sus beneficios y orar por la Patria, por sus habitantes y por quienes están constituidos en autoridad. Me es grato saludar a quienes representan las instancias de servicio a la comunidad civil: autoridades civiles y de servicio a la comunidad como Carabineros de Chile, la Policía de Investigaciones, las juntas de vecinos, centros de madres, bomberos, Cruz roja; a los educadores, al comercio, la banca y trabajadores de los medios de transporte. Agradecemos a todos ustedes su generosa entrega, sus sacrificios y los frutos de su trabajo en beneficio de la comunidad. Una gratitud especial para los equipos médicos y todos quienes trabajan en los centros de salud, así como en los medios de comunicación social.

3. Oramos por Ustedes. Todos, en mayor o menor grado, somos o tenemos autoridad: autoridad como servidores del Señor, autoridad como servidores públicos, autoridad como papás, mamás, abuelos; autoridad como jefes. Ser autoridad es una grave responsabilidad; por eso San Pablo pide que elevemos súplicas por las autoridades. Y no puede ser de otro modo, sabiendo que la doctrina de la Iglesia nos enseña que “toda autoridad proviene de Dios”. Pero debemos entender bien esta afirmación, porque si efectivamente toda autoridad proviene de Dios, eso no significa que la ejerzamos siempre al modo de Dios, es decir, promoviendo la vida; haciendo que esta crezca; procurando que la persona alcance la estatura de hijo adoptivo de Dios. “Autoridad”, etimológicamente significa nada menos que ser autor, del ser de otro; hacerlo crecer.

4. Autoridad es ser “padre” y es ser “pastor”. En efecto, pastores en el Antiguo Testamento eran los sacerdotes, los reyes, los jueces y todos quienes tenían autoridad en el ámbito civil y religioso.

La vida de Jesús es revelarnos ese rostro de Dios, “a quien nadie ha visto jamás” (Jn 1, 18) como Padre. En la imagen del Buen Pastor, él nos muestra y enseña cómo debe ejercerse la autoridad al modo de Dios. Es bueno recordar los anatemas del profeta Ezequiel contra los malos pastores y el anuncio de que un día, Dios vendrá a mostrar cómo se es pastor (cfr. Ez 34). Por eso, no es de extrañar que los Evangelios nos hablen de que Jesús, el enviado del Padre Dios, sintió lástima de la muchedumbre “porque estaban como ovejas sin pastor”. Es así que Jesús se presentará él mismo como figura auténtica del pastor, es decir, de la autoridad de Dios: “Yo soy el Buen Pastor” (Jn 10, 11).

5. Es hermosa la vocación de ser autoridad o pastor. Pero también es lamentable el creciente desprestigio de la autoridad, así como la lenta pero gradual renuncia de la autoridad a ser tal. Sabemos cuán lamentable es para el desarrollo de la vida de fe de los niños, adolescentes y jóvenes la falta de referentes paternos y de auténticas autoridades que “hagan crecer”. Sabemos, también, cuán perniciosa es para nuestra Patria, un cierto desprestigio del servicio público y político, a veces con base en la realidad, a veces interesada y artificialmente alimentado. Es responsabilidad de todos los que son autoridades con mandato de la ciudadanía, superando los partidismos e ideologías, procurar ser los “éticos” de la “polis”, es decir, los primeros testigos y “hacedores” de la ética de la ciudad.


Ciudadanos de la Jerusalén del Cielo

6. Orar por la Patria nos pone frente al misterio y a la vocación de nuestra historia. No somos simples ciudadanos de una trama al interior de esta historia que pasa. Los creyentes miramos hacia la eternidad; hacia esa Jerusalén del cielo que significa “ciudad de paz”. El cristianismo no es alienación de la historia. La promesa de un futuro que dará plenitud a la persona y a historia nos compromete a hacer presente en el “aquí y ahora” esos valores y esa realidad que nos ha prometido el Señor Jesús.

7. El texto del Buen Samaritano es elocuente para invitarnos a ser esos buenos pastores y autoridades que Dios quiere. Allí aparece un hombre herido en el camino golpeado por los ladrones que “se fueron dejándolo medio muerto”. Ese hombre herido y golpeado es la imagen de la humanidad caída. Así lo ha entendido la Iglesia desde sus inicios. El hombre “medio muerto” es nuestra propia historia, es la historia de tantas personas heridas, cuya situación ha quedado más de manifiesto en esta pandemia. Son las personas que sufren la cesantía, la soledad, la enfermedad, el abandono, la mentira y el no respeto de su dignidad.

8. El hombre herido en el camino no sólo sufre la delincuencia, sino que también la indiferencia de quienes pasan de largo ante el dolor. Es la experiencia de tantas personas o grupos humanos que evaden la penosa realidad de los heridos del camino. El Evangelio habla de hombres que “pasaron de largo” porque están muy ocupados o porque no quieren meterse en problemas. Pero llegó el samaritano: lo vio, se compadeció, cuidó las heridas y pagó el costo de un alojamiento para que sanara. El samaritano es un extranjero. Había odio entre los judíos y samaritanos. Este hombre samaritano devuelve la esperanza. El buen samaritano es Jesucristo. Esos heridos del camino son también en nuestro Chile los migrantes que han llegado a nuestra Patria a buscar nuevos horizontes para tener una vida digna. Los creyentes estamos llamados a ser buenos samaritanos con ellos y todos los heridos en el camino de la vida.

Dios primero

9. Orar por la Patria es poner a Dios en el centro de nuestros esfuerzos y proyectos personales y sociales. Él es el Señor de la historia. Debemos dejar que Dios sea Dios; que Dios tenga un lugar y una palabra que decir, porque como decía el Papa Pablo VI “cuando el hombre construye un mundo sin Dios, ese mundo terminará por revertirse contra el hombre”. Somos testigos de tantas cosmovisiones, ideologías y doctrinas que en el pasado remoto o reciente, aquí o en otras latitudes, creían que sus proyectos descansaban en un cierto señorío sobre la historia. Ha sido la misma historia que ha desmentido con lamentables hechos esa pretensión idolátrica y absurda que ha dejado en los caminos de la vida tantas víctimas inocentes, cuya voz clama al cielo. La Iglesia en Chile, como madre y maestra, es también una gran pedagoga con sus hijos, con las autoridades y con todos los hombres de buena voluntad. Ella nos sitúa de cara al destino eterno. Y este destino eterno es el que queremos ver reflejado en un nuevo tipo de relaciones personales, familiares, sociales, políticas, culturales que ayuden a una convivencia justa y pacífica entre los hijos de una misma Patria.

El alma de la Patria

10. La historia y la Iglesia nos han enseñado que los pueblos, como Chile, tienen alma. Es decir, no son sólo un conjunto de personas, instituciones y organizaciones que se reconocen en un determinado territorio bajo una misma bandera. Son mucho más que eso. El Cardenal Raúl Silva Henríquez, (arzobispo de Santiago 1961-1983) se refería asiduamente a este concepto del “alma de Chile”. Nos decía:

“La Patria ha de leer constantemente su itinerario histórico en sus actas de fundación. Ninguna Patria nace del vacío o del ocaso. La Patria se constituye en el momento en que un grupo de hombres que habitan físicamente un determinado territorio reconocen como suyo un mismo patrimonio de sangre y cultura, entran en comunión de tarea y destino. La Patria no nace por accidente geográfico o por un operativo bélico. (…). La Patria no se inventa ni trasplanta porque es fundamentalmente alma; alma colectiva de un pueblo, consenso y comunión de espíritus que no se puede violentar ni torcer, ni tampoco crear por voluntad de unos pocos”.

Por eso, conmemorar un año más de la Independencia de Chile es una ocasión para los cristianos y personas de buena voluntad discernir una vez más acerca de nuestros valores patrios, de aquellas costumbres y principios tan acendrados en nuestra historia y sus familias, incluyendo a los hermanos y familias de migrantes que pese a estar lejos de su tierra natal, hoy quieren continuar cultivando sus valores humanos y la religiosidad en este Chile que los acoge con cariño y gratitud.

María nuestra Madre

11. El Domingo último del mes de septiembre, la Iglesia en Chile lo ha dedicado desde hace décadas a orar por Chile. La Virgen María es patrona de nuestra Patria y madre de sus hijos. A Ella, a Nuestra Señora del Carmen, le pedimos que nos acompañe en los momentos de cruz. Y con la conciencia y experiencia de sabernos amados del Señor, queremos también acoger el dolor de los caídos en los caminos de la vida, siendo solidarios con los miembros más sufrientes, pobres y desvalidos de la Patria.

12. Renueva, Señor, en tus hijos e hijas constituidos en autoridad la vocación de servicio. Que seamos solícitos a preocuparnos de todos los hermanos que están en el calvario de la cruz. Es esta la “voluntad de ser” de nuestro Chile. Es esta el alma de Chile que queremos ver reflejada transparentemente en el servicio de los más débiles, de nuestros enfermos, de las familias, de nuestros jóvenes, de los migrantes. Eso queremos renovar en este día de alabanza a Dios y pedir a la Virgen Santísima del Carmen que nos asista en este santo y justo propósito. Así sea.