Descargar Archivo (PDF)

Homilía Tedeum Fiestas Patrias 2020

No hemos querido omitir la celebración de este Tedeum de acción de gracias por la Patria pese a las restricciones que nos impone la pandemia. Lo hacemos en forma inédita de modo remoto en virtud del distanciamiento físico que debemos asumir. Lo compre

Fecha: Viernes 18 de Septiembre de 2020
Pais: Chile
Ciudad: Talca
Autor: Mons. Galo Fernández Villaseca

Agradecemos la participación de las autoridades y ciudadanos que aceptaron la invitación para unirse en la oración a través de los medios digitales y de la Radio. Nos une el afecto a la patria y la gratitud en la oración. Los sentimos presentes y les expresamos el reconocimiento por el servicio que prestan desde sus diversas funciones.

Sentimos particularmente presentes a las máximas autoridades que nos han manifestado vivamente el anhelo de ser parte de esta celebración: El Sr. Intendente de la Región del Maule, Don Juan Eduardo Prieto, al Gobernador de la Provincia de Talca, Don Felipe Donoso, al Alcalde de Talca, Don Juan Carlos Díaz, y al Jefe de zona de la Defensa Nacional, el General de Brigada Don Hugo de Oresti. Saludamos a los señores parlamentarios de la región, las autoridades del poder judicial, de tribunales, del ministerio público y de la defensoría. A los mandos de las fuerzas de la defensa, de orden y seguridad: El comandante del Regimiento de Talca, El General de Carabineros, al prefecto de la policía de investigaciones y al comandante de gendarmería de Chile. A todos quienes ejercen diversas responsabilidades al servicio de la nación: Secretarios Regionales Ministeriales, Consejeros Regionales, Concejales municipales y a todos los funcionarios de las distintas reparticiones.

Saludo con igual reconocimiento a las autoridades de las diversas organizaciones comunitarias, culturales, educativas y de los más diversos organismos de la sociedad civil que con su compromiso contribuyen día a día en la construcción de nuestra amada patria.
No omitimos esta liturgia por el deber de gratitud que tenemos con el buen Dios que no deja de manifestarnos su amor precisamente en los momentos de mayor dificultad, cuando más lo necesitamos. Reconocemos su mano generosa y providente en las innumerables expresiones de solidaridad, de coraje y compromiso con el destino que compartimos, que como brotes primaverales emergen en medio de la crisis sanitaria, económica y social en que estamos envueltos. En esta acción de gracias queremos bendecir el nombre de Dios cuyo amor se manifiesta en tantas iniciativas que contribuyen a la vida buena y hermosa de los habitantes de nuestra tierra, especialmente de quienes se han visto afectados en la salud o en sus fuentes de ingreso debido la emergencia sanitaria que nos afecta. Expresamos especial reconocimiento y gratitud a:

1. Al personal sanitario, los grandes héroes de esta crisis: médicos, enfermeros/as, auxiliares y todos los funcionarios de los centros de salud que pese al riesgo que corren, y a extenuantes jornadas no han flaqueado en el cumplimiento del deber. Damos gracias por su coraje, por su entrega generosa.
2. A los voluntarios de diversas organizaciones sociales y comunitarias, entre ellas de muchas comunidades eclesiales, que se han desvelado porque a nadie le falte el pan. A quienes han ofrecido su tiempo en ollas comunes o repartiendo alimentos y otros enseres vitales, a quienes han aportado recursos, muchas veces con inmensa generosidad. Dios les Bendiga.
3. A los funcionarios públicos de las diversas instituciones públicas que han debido reinventarse para cumplir sus funciones propias en condiciones imprevistas y, además asumir innumerables tareas de resguardo sanitario y de asistencia social imprescindible. Dios les sostenga y acompañe
4. Un reconocimiento muy especial a los profesores, cuyo servicio en esta hora ha sido algo oculto pero fundamental. Han debido asumir con inmensa creatividad el desafío de educar en unas circunstancias para las que nadie estaba preparado. Dios les recompense por la entrega generosa, por el compromiso en el proceso educativo más allá de la simple entrega de materias. Gracias. Dios les bendiga.
5. Y por cierto, un inmenso reconocimiento una vez más a las familias, para quienes el llamado a “quedarse en casa” ha sido una prueba intensa, aunque también una oportunidad, muchas veces en espacios reducidos han debido convivir extensamente. El estudio, la recreación y en muchos casos el tele trabajo han debido compartir el mismo espacio del hogar. Y en nuestras familias, los adultos mayores, para quienes el temor y la soledad por las limitaciones a las visitas y los encuentros con los familiares que están más lejos les ha afectado muchísimo. Dios las sostenga y las cuide. Una vez más experimentamos como la familia es fuente, es refugio, es tierra fecunda.

La celebración de la independencia nacional no solo nos lleva a recordar a los héroes de la primera hora de la Patria sino también a esa multitud de héroes anónimos que la han tejido y la han hecho crecer a lo largo de su historia. Los de ayer y tantos que hoy que no dudan en posponer sus propios intereses cuando se trata de promover el bien de la comunidad, especialmente de los más frágiles y vulnerables.

La Pandemia que enfrentamos tiene secuelas muy diversas. Sin duda, lo primero que nos impacta es la dolorosa pérdida de vidas humanas, el sufrimiento por el temor al contagio y la soledad en que muchos, especialmente los adultos mayores, han debido sobrellevar de un modo dramático. Hacemos nuestro ese sufrimiento en esta liturgia de oración. Pero también la pandemia ha traído, y de forma muy compleja, efectos económicos que han dejado al descubierto la extrema vulnerabilidad de una parte muy significativa de la población. Si bien, como en otros tantos embates de la naturaleza esta compleja circunstancia epidemiológica y social ha despertado el alma solidaria que habita en lo más profundo de nuestra identidad, ello no basta. Es preciso reconocer que el alma de Chile tiene una herida que es anterior, más profunda y compleja que la actual crisis sanitaria.

Esa herida, que en realidad no es solo una, se manifiesta en un malestar social profundo que no hemos superado, en una ruptura de la amistad cívica, en una crispación de los espíritus, en una grave dificultad para dialogar sin descalificar, para hacer realidad ese sabiduría ancestral e imprescindible de la vida en comunidad que permite integrar visiones distintas, porque sabe que esa es la única forma de hacer realidad un nosotros que nos configure como cuerpo. Malestar que en momentos se ha expresado en violencia destructiva o frustración paralizante. Una y otra tienen en común la desilusión respecto de ese sueño que llamamos Patria, se ha resquebrajada la confianza de que es posible ese Hogar compartido que reconoce a todos en su dignidad.

Esta liturgia de acción de gracias no desconoce estas realidades. Siguiendo las palabras del P. Alberto Hurtado, afirmamos que la Patria que amamos es “una misión por cumplir”. La copia feliz del edén no es esta realidad herida e incompleta. La Patria es un sueño que llevamos dentro y que nos convoca a todos para hacerlo realidad.

El debate sobre la reforma de la constitución y el plebiscito al que estamos convocados puede ser el espacio propicio para plasmar juntos las bases con las cuales construir la Patria que soñamos. Ello reclama la activa participación de toda la ciudadanía y una actitud que privilegie el diálogo y no la confrontación. Hago un llamado a todos a involucrarse activamente en este proceso. No solo a concurrir a votar en su momento, sino a interiorizarse seria y responsablemente de lo que está en juego. Invito a todos a cultivar en esta hora los valores imprescindibles del diálogo democrático: la tolerancia, el respeto sincero y la búsqueda de integrar las distintas visiones. Y por sobre todo, la firme voluntad de privilegiar el bien común que solo es pleno cuando protege y promueve la dignidad de quienes son más pequeños y vulnerables.

Las Bienaventuranzas de Jesús nos iluminan en este camino. Ellas son la carta magna del Reino que Jesús ha venido a inaugurar en esta tierra y que se proyecta en el Banquete del Reino celestial. Ellas señalan los parámetros de la auténtica alegría a la que aspiramos. Tiene categorías sorprendentes que revierten los criterios de este mundo. En ella no son las posesiones materiales, ni la imposición de la fuerza las que nos alcanzan la dicha. Nos hablan del valor de la misericordia y la mansedumbre. Nos exigen cultivar la pureza del corazón. El Reino que Jesús proclama pone en el centro a los más empobrecidos y anima a todos a trabajar por la paz, que solo se alcanza en la justicia.

La patria requiere de la participación de todos en esta delicada hora de la historia en que se juegan nuestros más profundos sueños para el futuro. La participación de muchos se ha manifestado en la denuncia y las protestas respecto de las graves desigualdades, injusticias y abusos que no solo han empañado nuestra convivencia, sino que la han herido gravemente. Esta legítima forma de participación debe avanzar hacia propuestas concretas y viables. Esta es la hora del diálogo, de los acuerdos y de los proyectos para hacer realidad los sueños que nos movilizan. Este es el precioso tiempo para gestar un nuevo pacto social para Chile.

Todos lo anhelamos y lo necesitamos mucho. Pero más lo requieren quienes han sido excluidos y pisoteados por una forma de desarrollo que ha privilegiado la concentración del poder y la riqueza. Lo requiere urgentemente esta tierra hermosa que habitamos y que ha sido gravemente desgastada por un uso abusivo de sus recursos. Este año agradecemos el don de la lluvia que nos ha permitido superar en parte la grave sequía en la que estamos envueltos. Pero sabemos que tendremos que prevenir mucho más los incendios forestales que pueden devenir con la mayor presencia de pastizales secos en el verano. Lo requieren urgentemente nuestras familias que han debido soportar las carencias del deficiente modelo de desarrollo en que estamos inmersos y de la imposición de un individualismo exacerbado que desconoce y desfigura la centralidad medular que ellas están llamadas a ofrecer como célula básica de la sociedad.

Nos confiamos a la Virgen María, nuestra Señora del Carmen. Ella que ha acompañado a los hijos de esta tierra a lo largo de historia en tantas circunstancias complejas nos tome bajo su cobijo y nos ayude a procurar los caminos de la prosperidad y la fraternidad que anhelamos.

Dios les bendiga.

+ Galo Fernández Villaseca
Administrador Apostólico de Talca