Carta del Padre Jaime Ortiz de Lazcano Piquer Administrador Apostólico de San Felipe

En esta carta nos invita a reflexionar ¿cómo voy a poder vivir tales celebraciones si no puedo ir a la Parroquia? ¿Acaso no se nos dice que nos quedemos en casa y no salgamos, y esto apelando a la actitud solidaria de todos? ¿Cómo entonces voy a poder vivir la Pascua encerrado en mi casa, con mi sola familia?

 
Miércoles 08 de Abril de 2020
Esta carta es una invitación como discípulos de Jesús a hacer una lectura de todo lo que estamos viviendo desde la fe, para vivir las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, nuestro Señor, más reales e intensas que nunca.

Queridos feligreses, hermanos, hermanas y personas de buena voluntad.

Estamos “ad portas” de vivir las celebraciones del Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo, Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección. Sin embargo, ante la situación mundial que estamos viviendo, todo llevaría a pensar que este año todo lo apenas mencionado se canceló, se suspendió. Estamos atrincherados en nuestros hogares, la Iglesia Catedral, las Parroquias y las Capillas están cerradas y no ofrecen el culto habitual. Además, tenemos miedo, mucho miedo, puesto que no sabemos hasta dónde va a llegar y cuándo y cómo va a terminar lo que estamos viviendo. Nuestra vida se ha visto afectada enormemente, y las consecuencias sociales, laborales y económicas son de muy mal pronóstico. No obstante, como discípulos de Jesús, tenemos que hacer una lectura de todo lo que estamos viviendo desde la fe. En realidad, no sólo no se han suspendido las celebraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, nuestro Señor, sino que este año las vamos a vivir más reales e intensas que nunca. Sin duda, que más de alguno, leyendo esto se preguntará: Y, ¿cómo voy a poder vivir tales celebraciones si no puedo ir a la Parroquia? ¿Acaso no se nos dice que nos quedemos en casa y no salgamos, y esto apelando a la actitud solidaria de todos? ¿Cómo entonces voy a poder vivir la Pascua encerrado en mi casa, con mi sola familia?.

Si vamos a las fuentes y los orígenes de la Pascua, recordaremos cómo el Pueblo Elegido, los Israelitas, la noche de Pascua, estaban alerta, muy preocupados, más preparados que nunca, cada familia en su casa, pues aquella noche, la Pascua iba a ser la noche de la liberación, de la salida de Egipto, del abandono definitivo de la esclavitud del Faraón. Moisés, había anunciado sin embargo, que aquella noche, el Ángel del Señor, el Ángel Exterminador, iba a pasar por la ciudad, y aquellas casas cuyas puertas no hubieran sido asperjadas con la sangre del Cordero Pascual que habían sacrificado, el Ángel asesinaría al primogénito de las personas y los animales; sin embargo, a las casas que el Ángel encontrara manchadas con la sangre del Cordero Pascual, éste haría PESAJ, es decir la saltaría, perdonando la vida de los primogénitos de aquel hogar. Este es el sentido más original y genuino de la Pascua. Así, cada familia hebrea estaba preparada para aquel evento liberador impresionante, en donde estaba en juego la vida de cada uno: su vida o su muerte, su libertad o su esclavitud. Si nos acercamos a los tiempos de Jesús, también vemos cómo estos días Jesús los vive en un clima y ambiente muy familiar, Él con los Doce. Sin duda que cada año, quedamos perplejos por lo cambiante del corazón humano, casi parece perverso, cómo es posible que aquella multitud que apenas días antes acogió a Jesús como Rey de Israel, como Mesías, ahora pida su ineludible crucifixión y muerte. En cuestión de días, Jesús pasa de ser Rey y Mesías, a ser reo de muerte, traidor y conspirador contra la Ley de Dios.

Si hacemos un paralelismo con la situación que estamos viviendo hoy, desde luego inesperadamente, pues a finales del mes de febrero, todos nos preguntábamos qué iría a pasar en marzo, luego de lo vivido desde mitades de octubre del año pasado.


Pero la pandemia del “Coronavirus” que está azotando a todo el mundo, se ha convertido en la verdadera y gran amenaza. Todos contemplamos, cómo especialmente en Europa y en Estados Unidos los fallecidos se cuentan por decenas de miles. Esta pandemia, en cuestión de días ha puesto al mundo y todo su poder contra las cuerdas. De repente, del oriente, ha llegado este nuevo “Ángel Exterminador” que nos desarma, nos hace sentir profundamente vulnerables, nos pone en nuestra realidad de pobreza y debilidad total. Como podéis ver, hermanos, han pasado miles de años, pero la situación es muy similar: En el Egipto de los Israelitas, miedo y muerte, aunque finalmente liberación; en la Jerusalén de Jesús, muerte y traición, pero finalmente resurrección. En nuestro mundo de hoy, angustia y preocupación. Ya sea el Ángel Exterminador del Egipto del Faraón, ya la actitud de odio y envidia de las autoridades de Jerusalén en los tiempos de Jesús, ya el "Coronavirus" en la actualidad, con sus consecuencias de muerte y destrucción, no son sino imagen real del verdadero enemigo que tenemos: el Pecado, aquel que verdaderamente nos mata, nos aísla y nos deja a merced del vacío y del sin sentido, de la soledad más absoluta que es el verdadero infierno. Pero cómo vemos, el final de la Pascua es siempre liberador, salvador, dador de vida.

Es por esto, queridos hermanos y hermanas, que este año necesitamos más que nunca el poder hacer Pascua con Jesús. El hecho de tener que vivir estas celebraciones encerrados en nuestro hogar, acompañados únicamente por la familia, nos va a ayudar mucho, pues nos acerca al Israel de Egipto, que en sus hogares esperaban el paso del Ángel Exterminador, y viendo cómo el sacrificio del Cordero Pascual, con cuya sangre había sido asperjada la puerta de su casa, no sólo los liberaba de la muerte, sino que les abría la puerta de la libertad de la opresión a la que Faraón los había tenido esclavos de por vida. Nos acerca también a la Pascua de Jesús, que en el Cenáculo y con los Doce, celebra anticipadamente la victoria sobre la muerte y el pecado, a pesar de la traición de Judas, de las negaciones de Pedro y del abandono de sus discípulos. Celebremos, pues, en el cenáculo de nuestro hogar, con nuestra pequeña comunidad familiar, las celebraciones de estos días. Preparémonos con seriedad, meditemos los textos de la Palabra de Dios que nos propone la liturgia, hagamos oración en familia. Lejos de no ir a la Parroquia o a la Capilla nos haga creer que este año no hay ni Semana Santa ni Pascua de Resurrección, os invito a vivir intensamente estas celebraciones en el calor del hogar. Gracias a Dios, la diócesis y las Parroquias cuentan con distintas posibilidades de difundir a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, las distintas celebraciones. Agradezco tanto al área de comunicaciones del Obispado, como al área de liturgia, por el trabajo que han realizado para favorecer y facilitar que desde nuestros hogares podamos vivir estas celebraciones con la mayor intensidad posible. Cada Párroco en su Parroquia junto con su comunidad, sus Diáconos Permanentes y sus Catequistas saben mejor que nadie la manera como vivir estos días. También es muy de agradecer el testimonio y presencia permanente de la vida religiosa en nuestra diócesis, así como el aporte que recientemente han realizado.

Queridos hermanos, hermanas, Jesús está vivo, con una vida inmortal, Él nos da la posibilidad de tener una vida distinta. Cuando Jesús resucita no lo hace con la misma vida que tenía antes de morir, sino con una vida inmortal, eterna, Jesús vive y vive para siempre. Es el Amor de Dios Padre, que conmovido por la entrega realizada por amor de su hijo por cada persona, lo resucitó a la vida inmortal. El discípulo de Jesús, aun cuando tendrá que morir en la carne algún día, sin embargo, ya en esta vida mortal ha hecho experiencia de vida eterna, de ése mismo amor del Padre que le dio vida nueva y eterna a su Hijo, porque cuando una persona se encuentra con este amor inmortal, eterno, su corazón se transforma y no conoce el odio, la venganza sino sólo el amor. El motor de la vida cristiana es el Amor. ¡Qué maravilla poder experimentar que al mal que uno entrega, sin embargo a cambio se le propine el bien!

Ánimo, hermanos, este amor infinito, perdonador, misericordioso, santo, es el amor que Cristo Jesús nos tiene preparado a cada uno esta Pascua.

Compartiendo el sufrimiento y la preocupación de cada uno de vosotros, este año más que nunca, os abrazo con profundo afecto y os deseo una muy feliz Pascua de Resurrección.

Vuestro Administrador Apostólico.

Fuente: Comunicaciones San Felipe
San Felipe, 08-04-2020
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